Alcañiz. Lluvia medieval

La Virgen de Pueyos, patrona de Alcañiz, trajo sol el domingo del voto y adelantó la lluvia al sábado, primer día del Mercado Medieval. Los más atrevidos intentaban ver los pocos puestos que abrieron por la tarde, cuando la lluvia y el viento eran más fuertes, a la vez que esquivaban charcos e intentaban domar a sus paraguas. Los puestos cobijados en la lonja fueron esa tarde los más visitados.
El domingo, bajo el sol, el éxito estaba asegurado. La plaza de España, calle Alejandre y las subidas del teatro y de la iglesia se llenaron de medievales y actuales, incluso se dejó ver algún dieciochesco traje de baturra. La gruesa y pesada indumentaria de los monjes guerreros Calatravos, que el día anterior les protegió de lluvia y frío, les disimuló el sudor el domingo. Tuvieron éxito. Fueron muchos los curiosos que se acercaron hasta el campamento calatravo, junto a la iglesia parroquial a preguntarles por armas sin afilar, sus técnicas de lucha o sus vestimentas. Incluso una niña amable entregó una bola de metal que había encontrado por el suelo a uno de los guerreros, pensando que se trataba de una bala gigante. Resultó ser un adorno desprendido de una valla de seguridad.
Diversas asociaciones locales, como la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer, la Asociación Contra el Cáncer o ASAPME Bajo Aragón aprovecharon el mercado para recaudar fondos para sus actividades. Los alumnos del Instituto vendieron manualidades y números para el sorteo de una cesta de regalos. El Taller de Empleo del ayuntamiento ofreció una ruta gratuita por los monumentos medievales de Alcañiz y también talleres para niños y jóvenes.
Música, animación y malabares intentaban alargar la fiesta con la puesta del sol. Pero los puestos ya cerraban. Lo que más tiempo permaneció en la plaza fue el aroma del queso y la cecina. Algún que otro perro lo agradeció alzando su hocico al aire.

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