Cultura

Alcañiz recupera sus emotivas fiestas de abuelos, padres y nietos caboverdianos

Alcañiz cuenta con una amplia comunidad de vecinos de origen caboverdiano y muchos de ellos son padres y abuelos de niños nacidos en la capital bajoaragonesa.

Su voluntad de integración con sus convecinos tejió unas fuertes raíces interculturales desde su asentamiento en la ciudad, donde han surgido enlaces matrimoniales entre caboverdianos y alcañizanos.

La comunidad de Cabo Verde tenía el hábito de celebrar fiestas en Alcañiz para recordar las costumbres de su país y, aunque con los años esta tradición fue perdiéndose, ahora, tras dos décadas, han querido retomarla.

El pasado sábado más de un centenar de caboverdianos volvieron a juntarse y lo hicieron en un lugar emblemático de la ciudad, la ermita de Pueyos. “El deseo de volver a reunirnos los caboverdianos de Alcañiz se había convertido casi en una necesidad, ya que hacía muchísimos años que no se creaba un espacio y un momento para juntarnos de nuevo, celebrar y volver a compartir risas, bailes, comida y vivencias”, explica Sonia Borges, hija de uno de los matrimonios que más tiempo llevan viviendo en Alcañiz.

Se trata de un evento, indica Sonia, “que ha nacido de nosotros los jóvenes, pero hemos querido en esta celebración hacer protagonistas a nuestros padres, los que iniciaron este camino recorrido en Alcañiz, y poner en valor la valentía y el trabajo duro que siempre les ha acompañado y que, a día de hoy, vemos reflejado en esta bonita comunidad de la que formamos parte”.

Y es que lo que se persigue con este tipo de fiestas, que reúnen a tres generaciones, es “reforzar lazos entre padres, hijos y nietos”, porque “lo que nos une es especial y muy grande y no queremos dejarlo perder o diluirse con el tiempo. Y con ese objetivo en mente pretendemos seguir trabajando y apostando por otras celebraciones y reuniones que ayuden a crear comunidad”, concluye Borges.

La jornada comenzó ya a las ocho de la mañana con los preparativos de la comida. Se cocinaron platos típicos de Cabo Verde, como Cachupa, Congo y aperitivos. Mientras los más mayores, algunos vestidos con trajes regionales, preparaban el evento, se celebraron varios partidos de fútbol en el barrio de San José, formando tres equipos de adultos y uno de niños.

Después de comer hubo bailes tradicionales y, seguidamente, se celebró una mesa redonda, donde los asistentes expusieron ideas y proyectos que les gustaría poner en marcha como comunidad, además de escuchar cualquier iniciativa o preocupación de los más mayores. Se reiteraron en la tertulia las ganas que tenían de volver a juntarse, tras veinte años sin hacerlo.

La reunión se alargó hasta las diez de la noche, iluminada por el cariño entre caboverdianos y el fuego de la barbacoa.

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