Alcañiz. Lo que empezó con perdices termina con calabazas

El salón de actos del instituto de Alcañiz estaba abarrotado de público. “La Cenicienta que no quería comer perdices”, interpretada por las siete actrices de “Me va, me va teatro”, dirigidas por la actriz alcañizana Sonia Lanuza, se ganó la complicidad de los asistentes, que regalaron carcajadas, aplausos e incluso participaron de manera activa respondiendo a los guiños de las intérpretes.
Para “democratizar el teatro” Sonia Lanuza utiliza una técnica que sorprende: cada actriz interpreta a su personaje, pero todas ellas son en algún momento, o incluso varias veces, la Cenicienta protagonista. Esto resulta chocante, pero no interrumpe la trama gracias a que las Cenicientas usan el mismo vestuario y a que están muy bien caracterizadas.
Los diferentes estados emocionales de la Cenicienta eran interpretados con música bailada o simulando que se cantaba.
No sabía la Cenicienta que iba a ser tan infeliz con su príncipe azul, que solo la quería para que le guisase perdices siguiendo el manual de cocina de Arguiñano. Sirviendo a su marido siente que pierde la oportunidad de crecer personalmente, hasta que un día aparece su hada madrina Basta, bajita, morena y con pelos en las axilas y, la Cenicienta se decide a dejar la relación. Llama al príncipe y le deja claro que ese día no comerá perdices, sino calabazas.
Feliz de su decisión, la Cenicienta se apunta a un curso de baile y se monta el restaurante vegetariano de sus sueños, que se llama “Me sobra armonía”.
