Alcañiz. Los vándalos ejercen sus derechos

Para muchos residentes en Alcañiz es una incertidumbre si sus coches amanecerán los sábados y domingos por la mañana en las mismas condiciones que fueron aparcados. Retrovisores rotos, cristales rotos, ruedas pinchadas, ruedas robadas, chapas hundidas o rayadas son lo que muchos vecinos se encuentran las mañanas siguientes a las noches de desfase juvenil. Los coches no son el único objetivo de los vándalos. Muchos orinan, defecan o vomitan en puertas y calles. Algunos vecinos han amanecido con restos de sangre en su fachada tras una noche de gritos desmesurados junto a su puerta.
Los vándalos arremeten contra lo que sea, también contra el mobiliario urbano: la plaza Pui Pinos lleva años rota y continúa rompiéndose y ensuciándose casi cada fin de semana. No se arregla. Debe pensarse ¿para qué, si va a volver a romperse otra vez? Nos hemos acostumbrado a no tirar la basura en las papeleras rotas o ausentes, a no sentarnos en los bancos rotos, a las esculturas trituradas de la fuente de las ranetas y de su entorno, a las pintadas, etc.
Para Miguel Ángel Gracia, concejal del ayuntamiento de Alcañiz “no parece que la situación sea tan grave” y considera que los vecinos deben denunciar a la policía para poder tomar las medidas oportunas. Para el concejal los responsables de estos problemas son los vándalos y considera que la educación en valores es algo fundamental para evitar que este tipo de percances ocurran.
Mientras tanto ocurren.
Algunos vecinos consideran que el ayuntamiento debería inculcar normas que evitasen los efectos del botellón, poner multas y ofrecer más  seguridad.
Mientras tanto las personas que sí están educadas en valores y son respetuosas deberán seguir despejando las calles de sus vehículos y acostumbrarse a sentarse en bancos rotos, tirar basura en papeleras rotas y pasear entre botellas rotas, porque de momento los vándalos, por no estar bien educados, hacen uso de sus derechos.

Denunciar es la única solución, que, demomento, el ayuntamiento propone, aunque para entonces el coche ya esté roto y al que denuncia le espere un incómodo proceso judicial.

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