Alcañiz. Un motero empotrado en un bar
Desde que confeccionó un cocodrilo de cartón piedra y lo liberó en el río provocando asombro o risa en los transeúntes, Pablo Omeya, propietario del bar “Saloon” de Alcañiz no ha dejado de darle al coco para traer al mundo otra de sus genialidades.
Desde hace unos días la fachada de su bar luce una moto con su conductor empotrada. No hay carne y hueso en esta obra artística, pero el resto de materiales son reales.
Un motero bajoaragonés decidió no usar más la moto con la que había sufrido un terrible accidente y vendió a Pablo las piezas del vehículo que necesitaba para su próxima creación. Pablo montó pieza por pieza la parte trasera de la moto y la colocó en la fachada. Unas botas y unos pantalones rellenos son parte de su conductor.
Unas chicas sintieron curiosidad y entraron en el bar para comprobar si el conductor y el resto de la moto asomaban por el otro lado. No fue así y, acompañando a la estética de este bar al estilo del lejano Oeste, perdieron una apuesta.
“Esto se lleva mucho en Estados Unidos”, explica Pablo, restándose originalidad. Y es que sus ideas surgen viajando y fijándose en este tipo de ocurrencias que consiguen, no sin esfuerzo, atraer miradas y provocar desconcierto.
Una vez empotrado, ahí se queda el motero con su moto, cuya matrícula revela la fecha de apertura del bar. Pablo asegura que esto no es algo momentáneo. Permanecerá allí “hasta que se degrade”.
Ya está maquinando su próxima creación.
