Alcañizanos superan el "Infierno Cántabro"

Los alcañizanos Eduardo Rubira, José Antonio Berges, Javier Vilalta, Carlos Gimeno y Jhony Sánchez participaron el pasado sábado en la prueba de bicicleta del montaña del Soplao, conocida por su dureza como el “Infierno Cántabro”. Su recorrido, por el Valle del Saja, en Cantabria, es de 162 kilómetros con un desnivel acumulado de 4.850 metros. Se ascienden once puertos de montaña, por pistas y caminos, partiendo desde una altura de 180 metros y llegando hasta los 1250 metros del Alto de Fuentes. Participaron un total de 4.500 ciclistas.
“Los puertos más temidos y que hemos padecido en nuestras propias piernas son el de Moral, Fuentes, Venta de Mostajo y el famoso Alto del Negreo, que comienza en el kilómetro 135 hasta el 141, con una pendiente media del 10 % y rampas de cemento de entre el 20 y 30 %, que después de todo el día pedaleando se te hacen eternas”, recordaba ayer el alcañizano Eduardo Rubira.
Recorrieron todo el valle del Saja y el de Cabuerniga y, para Eduardo, “solamente por pedalear por estos parajes merece la pena el recorrer 550 kilómetros desde Alcañiz”.
El ciclista alcañizano destaca la implicación en esta prueba de toda la comarca. Cuenta que “es una pasada pasar por pueblos y aldeas como Barcena Mayor, Ruente, La Cocina, Renedo de Cabuerniga y estar todo el pueblo en la calle animando nuestro paso y en los principales repechos para echarte una mano si hace falta. Había subidas que había pasado el grupo de cabeza hacia dos horas y la gente seguía ahí apoyando hasta que pasaba el último participante. Nos comentaron que la prueba congrega a unas 50000 personas entre participantes, voluntarios, organización y todos los familiares y amigos de los participantes que estaban a lo largo de todo el recorrido, apoyándonos también”.
Rubira puntúa con un 10 a la organización, “ya que el despliegue era tremendo: protección civil, ambulancias, Guardia Civil, helicóptero, avituallamientos líquidos y sólidos y asistencia técnica en todos los puntos necesarios y complicados del recorrido.
La “meta” de los alcañizanos, cuenta Rubira, era “disfrutar de la bici y, por supuesto, poder acabar la prueba y, a poder ser, de día, cosa que conseguimos. No tuvimos ningún percance, tan solo una avería que nos hizo perder 50 minutos en solucionarse”.
A pesar de que las previsiones climatológicas no eran buenas, finalmente hizo buen tiempo durante casi toda la prueba, con excepción de una media hora de lluvia y los cinco grados con mucha niebla en el punto más alto de la carrera.
Hubo 1.150 abandonos, terminado la prueba 3.356 participantes. A pesar de perder 50 minutos reparando sus bicicletas, los puestos de los cinco alcañizanos rondaron por el 2.200.
