Una goyesca entretenida en el centenario de la plaza de toros de Alcañiz. VÍDEO

Hace cien años que se inauguró la plaza de toros de Alcañiz, y como cien años, son muchos años, y además una cifra redonda, para conmemorarlo la plaza se vistió de lujo, se inauguró una placa, los toreros se vistieron para la ocasión con ropas goyescas, lo hacían por primera vez.
La plaza presentaba buen aspecto, con algunas barandillas y reloj enfrente de la presidencia.
También como novedad se sacó, en algunos toros, no en todos, un cartel al centro de la plaza indicando el número, el nombre, la fecha de nacimiento del toro y el nombre de la ganadería.
El público también respondió y aunque sólo pasaron un millar por taquilla, presentaba un buen aspecto, con una aparente media entrada.
Entre los espectadores había un numeroso grupo de chinos, no japoneses, que no dejaban de disparar fotografías a toreros, a chinos junto a toreros y al color de la fiesta.
El motivo de la presencia de los chinos es porque están realizando un viaje de trabajo en Ejea de los Caballeros, tierra del empresario, para informarse de diversos negocios relacionados con animales, fundamentalmente cerdos, y aprovechando una pausa en el trabajo, el empresario se los trajo hasta Alcañiz para que conocieran una corrida de toros y se distendieran del trabajo. Pareció agradarles más que los cerdos.
El primer toro, como sus hermanos, de la ganadería de Torrequemada, fue un negro zaíno de nombre “Entregado” y le tocó en suerte a Javier Castaño, que lo centró sobre el ruedo con el capote y después de pasar de refilón por el picador y de un buen tercio de banderillas ejecutado por su cuadrilla, lo recibió con unos derechazos bien ejecutados. Luego hiló con unos naturales, pero la brillantez chocó con la corta embestida de “Entregado”. A destacar una serie de pases con una rodilla en el suelo.
Mató de un pinchazo, una lastimosa espada cruzada que asomaba la mitad por un costado del toro y descabello. El premio del público fue silenciar los méritos del torero.
Su segundo toro, el cuarto de la tarde, fue el más espectacular. Tiró al picador y su caballo, cogió al banderillero, que salió indemne, pero pudo haber sufrido serios daños y dio un revolcón al torero. Todo sin consecuencias.
El tercio de banderillas fue muy bueno. Más teniendo en cuenta que el banderillero lo ejecutó después de la cogida. Saludaron al público por su ovación.
Con la muleta Castaño inició su faena junto a las tablas rodilla en tierra. Ejecutó una buena tanda de naturales y dio un pase de dos vueltas sin moverse del sitio y con las rodillas en tierra. Buen trabajo de muleta, entregado y templando mucho y bien. Mató de una estocada que llevó al toro a doblar en el centro de la plaza. Dos orejas.
El segundo toro, de nombre “Gorrión” fue para el aragonés Alberto Álvarez. A pesar de las pocas corridas que realiza, dio muestras de saber estar, de tener un gran repertorio tanto con el capote como con la muleta. De buenas formas y buenos haceres. El diestro que parecía que venía de relleno, fue el que templó el ambiente de la plaza. Recibió a su primer toro con una revolera de rodillas, hizo un buen quite en un simulado tercio de varas y brindó al público. Fue desgranando un buen repertorio y manejo de muleta. Mató de una estocada doblando el toro en el centro de la plaza. Pero un puntillero sin puntería volvió a dar vida al toro que se levantó y lentamente fue conduciendo su agonía hasta las tablas. Gorrión salió de la plaza sin una oreja.
En su quinto se empeñó en torear por bajo lo que provocó que un pase tras otro el toro hincara sus astas en la arena de la plaza centenaria. En una imagen poco común en una corrida de toros, clavó el estoque en tierra como quieto y mudo testigo de su faena con la muleta. Mató de dos pinchazos y una estocada. No tuvo más recompensa que el silencio de un público que otros años con menos méritos le hubiera dado oreja y media.
El mexicano Joselito Adame llegó tarde a la plaza de toros. A las cinco y media, hora de comienzo de la corrida, todo eran teléfonos, paseos nerviosos y voces que hablaban de sancionarle porque todavía no había llegado y se debía iniciar el paseíllo. Llegó fresco, sonriente y sin aparentar prisa, como si fuera su norma.
Su primer toro dio para los fotógrafos la imagen de la tarde con una impresionante voltereta. Aunque el diestro también banderillea sus toros, como nadie del público se lo pidió, fue su cuadrilla la que ejecutó esa suerte de una forma correcta.
Joselito se esforzó pero no hubo conexión. Su faena, a pesar de su voluntad pasó sin gloria. Mató de un pinchazo, una buena estocada y descabello, justo en el momento en que sonaba un aviso. Se fue al callejón con el silencio y cierta indiferencia del público.
El mexicano, a ritmo de jota, recibió a su sexto de rodillas junto a las tablas. Otra voltereta del toro, menos espectacular que en la de su anterior astado. En este toro sí que puso las banderillas el matador, con los colores de la bandera mexicana, dos pares y otro par blanco. Se mostró muy voluntarioso pero quizás por la faena un poco larga le costó conectar con el público. Mató de un pinchazo y una estocada y le supuso no irse de vacío llevándose una oreja.
Así que nos quedó una buena tarde: entretenida en el centenario de la plaza.
Aunque un año después sirvió para olvidar la penosa corrida del año pasado. Y con un empresario con pocas ganas de meterse en otras aventuras que no sean las taurinas.
