Alcañiz pierde a la Julia
A los 90 años, “la Julia”, como la conocían todos en Alcañiz, falleció la semana pasada. Su funeral fue el viernes, 24 de febrero, a las cinco de la tarde en la iglesia Santa María la Mayor. Le han dejado ramos de flores en el banco de la puerta del Ayuntamiento, donde muchas veces se sentaba a charlas con quien se encontrase.
Hasta prácticamente sus últimos meses de vida, en los que tuvo que ser atendida en varias ocasiones en el hospital, la Julia contagiaba su vitalidad, su espíritu joven y su manera de exprimir la vida, bien fuera soplando musicalmente un peine con un papelillo de fumar, tocando la armónica, repartiendo consejos o recitando coplillas como la que recientemente usó en la plaza de España para inspirar a una vecina: “tonto me llamaban, el tonto del lugar. Todos trabajando y yo sin trabajar”. Lo sabía muy bien. A ella le tocó trabajar mucho.
Sus divertidas ocurrencias la llevaban a usar su muleta para marcar distancias en tiempos de pandemia o a convertirla en una guitarra.
Siempre arreglada, aunque simplemente saliese a tomar la fresca, con un moño mágico por el que mucha gente le ha pasado décimos de lotería. Siempre lista para el baile, al que acudía en el Hogar del Jubilado o en cualquier fiesta que se terciase. Donde había jarana allí estaba la Julia sacando a bailar a quien fuese, de cualquier edad. Y es que su espíritu atemporal la hacía relacionarse con la misma cercanía con jóvenes que con ancianos. Era fácil encontrarla sentada en la terraza del bar París, en la puerta del Ayuntamiento o en la subida de Escolapios.
Conocía bien los gustos de los jóvenes, les sirvió durante muchos años, cuando regentaba el bar “Caldereros” junto a su marido, “el Paquer”.
Polifacética, era por muchos considerada la mejor guía turística de Alcañiz. Los visitantes que tenían la suerte de toparse con ella, lo que era fácil, recibían indicaciones de todo tipo, siempre con la gracia, la música y el salero con que ella las daba, porque disfrutaba, se entregaba, hacía más ligera la interminable cuesta hasta el castillo. La Julia no salía en las guías turísticas, pero conocerla a ella servía para que el viaje se convirtiese en una entrañable experiencia.
