Noticias

La presentadora del programa de los fines de semana “No es un día cualquiera”, Pepa Fernández, estará en el acto que tendrá lugar pasado mañana jueves en el Salón del Trono del Palacio de Sástago de la Diputación Provincial de Zaragoza para dar a conocer los mejores aceites del Bajo Aragón de este año
El acto, organizado por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Aceites Bajo Aragón tendrá lugar a las siete de la tarde.

Once palomas entraron y salieron de la granada el año pasado en Alcañiz. No hay un número fijo, varía cada año sin atenerse a simbolismos. A pesar de las lágrimas vertidas por la Dolorosa, el luto de las Manolas e, incluso, el vistoso sepulcro de Jesús a lo largo de esta semana santa, la experiencia hace evidente que el domingo resucita.
En la procesión de las Palometas, la mangrana que contiene a la virgen del Carmen, sale de la iglesia que lleva el nombre de esta virgen hasta la calle Espejo. Allí, una familia que tiene un palomar, introduce a las aves por un pequeño orificio de la mangrana.
La virgen y las palomas pasan poco tiempo en compañía, hasta que la peana llega a la plaza de España. Allí se abre la mangrana, quedando la virgen al descubierto mientras las palomas salen volando. Sin ellas saberlo, simbolizan la resurrección de Jesús.
Mañana será el huevo el que simbolice la resurrección. Es el ingrediente principal de la rosqueta, a la que grupos de familiares y amigos hincarán el diente pasando el día en masicos, viviendas o en el campo.

En protesta por la muerte de Jesús o por gusto y tradición, los tamborileros de Alcañiz hicieron sonar sus tambores en la procesión del Santo Entierro. Baturros y baturras pasearon tortas de pascua, lucieron cachirulos, pendientes, mantones, peinetas y lazos, trajes de rica o de pobre, caminaron sobre tacones o esparto. El ritmo ágil de los tambores hacía correr a los pasos. La Verónica no controlaba el paño. Al Cristo yacente se le colocó la tapa.

Vídeo de la procesión de la Soledad de 2012 en Alcañiz, donde, de negro, con mantilla o sin ella, las esclavas de la soledad seguían al Cristo yacente por la parte alta de la ciudad la tarde del viernes santo. También se las llama "Manolas", caminan enlutadas lamentando la muerte de Jesús y alumbrando su camino con velas. Las Manolas también aparecen en la procesión del domingo celebrando la resurrección.
Acompañaban a la virgen de la Soledad, que llevaba el paso adornado y lento.
Los bomberos tuvieron que intervenir el martes por la mañana en la iglesia mayor para trasladar dos nidos de cigüeñas que podían presentar peligro para las personas que estos días se acercar por la iglesia. La intervención de los bomberos fue asesorada por un técnico medioambiental para favorecer que las cigüeñas sigan anidando en el nuevo lugar donde se trasladó, en el mismo tejado de la iglesia.
Durante la mañana, la maniobra despertó gran expectación entre las personas que se pasaban por la plaza de España.

Vídeo de la procesión del Silencio de 2012, cuando los tambores sonaban a silencio y los parches de piel hacían el sonido más sordo. Jesús ya iba crucificado y detrás, de luto, la Dolorosa lloraba porque así lo quiso su imaginero.
La procesión dejó en la imaginación del público el descenso de la cruz. El siguiente paso lo dio la Piedad. La virgen, con su hijo muerto en brazos, parecía tranquila. Pronto lo enterrarán, pero sabe que al día siguiente su tumba estará vacía.

Romper la hora, y no “rompida”, que es una expresión procedente de otro acto de tambores en San Sebastián, es un acto que se celebra o el jueves santo por la noche o el viernes al mediodía en varias poblaciones bajoaragonesas.
Su origen está en la prohibición que había para que se tocase el tambor hasta que no era determinado día. Eso suponía que los tamborileros se agrupaban en la plaza con sus tambores esperando a que tocaran las doce que suponía el cambio de día.
A finales del siglo XIX en Alcañiz salían alrededor de un millar de tamborineros y algunos bombos, que se concentraban el viernes santo en la plaza de España, rompiendo la hora con la primera campanada de las doce del mediodía. Se estaba tocando durante un cuarto de hora aproximadamente y juego, sobre las dos de la tarde, se iniciaba la procesión tal como hoy se conoce. Las túnicas eran semejantes a las actuales pero se llevaba la cara cubierta con el tercerol, algo que era obligado.
Un bando del alcalde de Alcañiz en 1897, Francisco Salés, dice en uno de sus puntos “No podrá armarse griterío por las calles, ni tocar instrumento alguno en los citados días a excepción de los tambores que los será en las procesiones del Pregón y Santo Entierro, sin que en manera alguna se haga uso de éstos hasta después de tocar las doce del día Viernes Santo”.
Posteriormente se va relajando la concentración y los tamborineros iban acudiendo a partir de las doce para formar parte de la procesión y de esta forma se fue diluyendo la tradición de romper la hora en esta población.
