UN FUTURO PERFECTO

 

Si nos fijamos, las películas de ciencia ficción nos presentan, al igual que diversas profecías, un futuro oscuro y apocalíptico, como si quisieran prepararnos para lo que nos espera.

En el porvenir, habremos avanzado tecnológicamente de un modo impensable pero, como
contrapunto, la humanidad se verá presa de una violencia extrema y vivirá sumida en un desastre
ecológico. El cambio climático y la contaminación habrán destrozado el medio ambiente y la
naturaleza se verá desposeída de cualquier atisbo de verdor.
Sin embargo, estábamos equivocados. En 2050, dentro de veintinueve años -lo ha
anunciado a bombo y platillo el Gobierno-, España, o lo que quede de ella, se habrá transformado
en una arcadia feliz. Habremos liquidado la inmensa deuda que nos agobia (más de 1,366 billones
de euros) y se habrán creado tantos millones de puestos de trabajo que no solo se acabará el
paro sino que serán necesarios 250.000 migrantes anuales para asegurar nuestras pensiones y
las de ellos, evidentemente. Habrá empleo para todos. De momento, el paro juvenil alcanza el
40%, más alto que el de Marruecos. Pero todo se andará.
Según esta Agenda 2050, se pretende “conquistar la vanguardia educativa y mejorar la
formación y recualificación de la población” y que más de la mitad de la ciudadanía pase por la
Universidad. Tendremos muchos titulados pero ¿con qué capacitación si cada vez el nivel de
exigencia es más bajo? En este aspecto, vamos bien encaminados. Tenemos más universitarios
que Alemania. En cambio, nos faltan técnicos. Seremos una sociedad neutra en carbono,
sostenible y resiliente –la palabra de moda- al cambio climático. Para ello se subirán los impuestos
enérgicoambientales y se gravará el uso del automóvil. Es decir, resultará aún más caro el
combustible y pondrán peajes en las carreteras con lo que el coche volverá a convertirse en un
artículo de lujo. Se priorizará el transporte por tren de viajeros y mercancías frente al de carretera,
mucho más contaminante. En Teruel, ya pueden darse prisa. También, se prohibirán los vuelos
cortos en aquellos trayectos que puedan realizarse por ferrocarril en menos de dos horas y media.
Quizá por ello, el presidente abusa en la utilización del falcon y del helicóptero en sus
desplazamientos, antes de que lo prohíba. Podría ir predicando con el ejemplo. Se tomarán una
serie de medidas ecológicas que harán de España, o lo que quede de ella, un florido pensil. Nos
sentiremos como Pedro y Heidi en los Alpes. Cambiará nuestra mentalidad y podremos pasear
por el campo sin encontrarnos botellas, latas o bolsas llenas de basura. Un futuro perfecto.


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