La Navidad se adelanta de año en año. La lotería sale a la venta en julio, los turrones y mazapanes llenan las estanterías de los comercios cada vez más pronto o ya permanecen en ellas de continuo y las luces navideñas de las ciudades y casas se encienden con semanas de antelación.
La Navidad ha perdido su sentido religioso para transformarse en una vorágine de consumismo. A pesar de esta mudanza y vaciamiento de significado, la palabra Navidad molesta a muchos. En Gran Bretaña, asociaciones de nuevos nativos quieren prohibir sus celebraciones públicas por ofender sus creencias. Protestas más o menos violentas contra la Navidad se suceden en diversos lugares de Europa que se unen a las demandas laicistas de denominarla fiesta del solsticio de invierno. Así, en el calendario escolar de Castilla La Mancha, han titulado estas vacaciones “Descanso del primer trimestre” para no irritar. De momento, el sorteo del 22 de diciembre se sigue llamando de Navidad.
Hasta no hace mucho, cada dulce y cada fruta tenían su temporada. Ahora, las cosas han cambiado y todo se vende en cualquier época del año, como las tortas de Pascua. Uno, que es muy laminero y está educado a la antigua -o tiene manías- prefiere saborear cada producto en la época que le corresponde. En mi Navidad, no faltan mazapanes de Alejos y turrones de Pueyos Comercial de Alcañiz –que nada tienen que envidiar a los de marcas famosas- y, mi debilidad, el turrón de Suchard de toda la vida. Esta Navidad, lo han puesto a dieta y sus pastillas han adelgazado considerablemente; en cambio, su precio ha aumentando. Y eso que no llevan huevo. La gripe aviar los ha encarecido al tener que sacrificar a millones de gallinas y sus correspondientes puestas diarias o a confinarlas para evitar ser infectadas por las aves migratorias que atraviesan la península para invernar en África. Lo sorprendente es que, una vez cruzado el estrecho de Gibraltar, el peligro de contagio se esfuma y no afecta a las gallinas de Marruecos, nuestro próximo proveedor de huevos y pollo que se añadirán a las otras importaciones del sector primario que ya realizamos.
El pescado es un artículo de lujo, como la fruta y la verdura; también quieren reducir el ganado vacuno cuyos gases contribuyen al efecto invernadero y al cambio climático que, para Bill Gates, si bien ocasionará consecuencias graves, “no conducirá a la desaparición de la humanidad”.
Los huevos y todo lo que los contenga engrosarán la lista de las delicatesen. Nos quedaba el cerdo, animal impuro para algunos y, ahora, amenazado por la peste porcina africana detectada en Cataluña. Nos abocan a alimentarnos de insectos y de la carne artificial fabricada por el citado magnate norteamericano. Disfrutemos mientras podamos.
Feliz Navidad.
