En los últimos tiempos, se ha multiplicado el número de animales de compañía que, en España, ya supera con creces al de niños. Estos suman 6,6 millones frente a 9,5 millones solo de perros censados. Las personas necesitamos dar y recibir afecto y hay quienes para combatir su soledad adoptan mascotas a las que prodigan la dedicación que no pueden ofrecer a hijos o nietos.
Es cierto que muchos animales son más nobles y leales que algunos racionales y que se les toma cariño y duele cuando nos dejan; pero estamos cayendo en el despropósito mimándolos y malcriándolos desmesuradamente. Las mascotas tampoco son juguetes para regalar. De cachorros, resultan muy graciosos pero no se pueden guardar en una caja para entretenerse con ellos en otro momento. Son seres vivos que requieren una serie de obligaciones diarias y sus dueños acaban por cansarse y, olvidando que los animales igualmente sienten y padecen, los abandonan.
De acuerdo con que se vele a todos los niveles por el bienestar animal. Sin embargo, hay que encontrar un equilibrio. La restricción a la caza de determinadas especies, como los jabalíes, ha provocado la sobrepoblación de estas alimañas –más de doscientos mil se contabilizan en Aragón- que campan a sus anchas por zonas urbanas y carreteras causando múltiples accidentes de tráfico, el 40% de los acaecidos en nuestra comarca en 2024. Y aparte, los daños que generan en la agricultura. Las Navidades pasadas, uno de estos animales se coló en la pista del aeropuerto de La Coruña forzando al cierre de las instalaciones y a desviar o retrasar por seguridad algunos vuelos. O la proliferación de lobos perjudicial para la ganadería. Gran Bretaña va a prohibir la cocción de mariscos vivos para evitar su tortura. Previamente, habrá que aturdirlos con descargas eléctricas.
Estamos alcanzando unos extremos absurdos y no tardaremos en no poder usar lociones contra los piojos o insecticidas contra los mosquitos pues estos bichitos también sufren. Ya nos creemos cualquier extravagancia como el bulo de proscribir el vareado de los olivos por violencia vegetal.
Nos excedemos en la “humanización” y cuidado de las mascotas. Surgen como las setas en otoño establecimientos dedicados a animales. Existen peluquerías, centros de estética, cementerios, pastelerías y cadenas de televisión para perros y gatos. Se les disfraza, se les pasea en carritos de bebé, se les sienta a la mesa… Se les considera un miembro más de la familia. Estas actitudes antinaturales trastornan sus necesidades biológicas ocasionándoles obesidad, estrés y problemas de salud y de comportamiento. El brasileño Roberto Carlos tendría que cambiar la letra de su canción y decir no que quisiera ser civilizado como los animales sino que quiere vivir como algunos de ellos.
