Y ahora, a no estropearlo

Y ahora, a no estropearlo.

Después de ver el penalti evidente al Real Madrid, y que los jueces hicieran lo que tenían que hacer, denunciar y pedir ayuda, y que cuando interpretaron lo sucedido, como las jueces, sentenciaran penalti al Sevilla, en el otro área, la perplejidad y la indignación parecería ser lo normal. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Pero no. Hemos visto a una mujer, reunir la formación y los medios, para tener una bonita familia, sin robar ni secuestrar a nadie. Pues pudiendo vivir dignamente como madre soltera, le han robado los hijos, para siempre; no secuestrar, pedir rescate, y liberarlos; secuestrar, embargar injustamente, hasta la apropiación violenta de todo lo que haya, y de liberar y dejar en paz, nada. Le defenestraron de su empleo por ejemplaridad sobresaliente, lo que no dejaba dormir a quienes protagonizaron nepotismo, en su presencia, creyéndole de la manada. Y después de haber sido una buena samaritana, ser perseguida como a una desalmada criminal, por no financiar a timadores o extorsionadores intimidadores. Otra mujer muerta en Sagunto, y otro hombre muerto. Y en vez de decir que con no robar hijas ni patrimonio a nadie, bastaría, dicen que "esa mujer hizo todo lo que tenía que hacer, denunciar y pedir ayuda, así que le hemos fallado, pues denunció en el Ayuntamiento y pidió ayuda a la policía local" y lo hizo para seguir robando, pues de no robar ni entregarse a hostilidades, ni le haría falta denunciar nada, ni pedir ayuda, porque a quien no roba ni atormenta, le ayuda cualquier persona de bien. Por todo ello, cuando tengan la suerte de poder crear vínculos y afectos con quienes viven decentemente con lo suyo, sin robar hijas ni nada a nadie, díganse: esto tiene muy buena pinta, y ahora, a no estropearlo.

Y una alternativa para San Isidro:

Para la libertad y la convivencia.

Cuando vayas a tus campos, labrador de tierras pardas, para binar ese barbecho, que te dio trigo o cebada, pilotando un gran tractor, o mandando un par de vacas, yo te ruego te detengas, en el linde de la arada, para ver como ara Isidro, ese mozo de labranza, que hace muchos años sirve, en casa de Juan de Vargas.
Y dicen que es el modelo de los labriegos de España, aunque no tiene tractor, ni remolque ni una grada, ni par de machos ni mulas, sino una pareja mala, que pueden ser vacas o bueyes, y un arado de orejeras como los que antes se usaban.
No es igual que otros gañanes, el criado de Juan de Vargas. Antes de la arada, reza, y reza después de la arada. Nunca brotó de sus labios, ni una palabra mala. Y cuando tocan a misa, se va a misa de mañana. Baja un ángel de los cielos, no le hace falta aguijada. Y la pareja, ara que ara, abriendo surcos derechos, que no hay otro quien los haga; parecen plata bruñida, o la espuma de las aguas.
Cuando vuelve a la faena, sigue hasta media mañana, momento en que echa las diez, disfrutando todo lo que del zurrón saca. Las alondras se le posan, en la punta de la vara, y a él le brindan con cantares y él las brinda con migajas, de torreznos, morcilla y buena tortilla, que le hicieron de patata.
Las mozas del lavadero, le saludan cuando pasa, le agasajan con cumplidos, y él con prudencia les regala, atenciones y delicadezas, poemas limpios del alma.
Y cuando cae la noche, antes de irse a la cama, le implora con humildad al cielo. Y pide por todos los de la casa, para que el nuevo día venga, con salud, trabajo y buena gana, dando gracias a la vida, y a la voluntad para engalanarla.
Al despertar de cada día, está en los campos de madrugada. Tras un frugal desayuno, con la yunta enmaromada, vuelve a la tarea, con la pareja rumiando buena alfalfa, el arado sobre el yugo, cantando al rocío del alba, a sus padres, a la montaña, al río, a la gente honrada.

Un fuerte abrazo para todos, ahora que se puede... viajar.


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