Los abejarucos, pequeños arcoíris acróbatas

En septiembre regresarán a África, donde pasan los inviernos. Durante la primavera y el verano es muy fácil ver a estas aves en el Bajo Aragón, pues destacan por sus vivos y múltiples colores, posados en ramas o en el tendido eléctrico o revoloteando y planeando sobre zonas de agua, como La Estanca de Alcañiz, en busca insectos, que cazan al vuelo, para comer. Sus favoritos son las abejas y con su buena vista las pueden detectar incluso a una distancia de 20 metros.

Los cazan al vuelo con su largo pico y, tras matarlos, los golpean para quitarles el aguijón antes de comérselos. La parte de los insectos que los abejarucos no pueden digerir la regurgitan, como hacen otras aves, en forma de una pasta con esos restos llamada egagrópila.

Los machos regalan a las hembras insectos en época de apareamiento para ser aceptados como pareja, pues así demuestran que sus crías no pasarán hambre.

Estos pájaros, que miden unos 28 centímetros de longitud, unos 45 de envergadura y pueden llegar a vivir hasta una década, anidan en taludes, donde cavan galerías de hasta dos metros de profundidad, al final de las cuales ponen los huevos, de 4 a 6, y los incuban durante unos 20 días.

Emiten un sonido parecido a un silbato tocado con desgana, una especie de “brrrrr”. Si estamos atentos y detectamos uno, pronto veremos a un grupo, pues no son nada solitarios y llaman la atención las coloridas acrobacias que hacen para cazar insectos.


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