Ramadán en Jordania

En Wadi Musa, que es la ciudad que está a las puertas de Petra, imagino que casi todos sus habitantes son musulmanes. Lo palizas que son estos días del Ramadán es inimaginable. Cada poco están lanzando cánticos, oraciones, plegarias o yo qué sé desde la mezquita con unos altavoces tan potentes que se escuchan en toda la población, que aunque no debe tener muchos habitantes es muy extensa. Mi habitación, que está bien aislada, no puede parar el grito del muecín.

Y no es una llamada a la oración, sino que se puede pasar más de veinte minutos con un hablar cantarín que se mete en los sentidos (cuando esto escribo ya lleva cerca de una hora y aún sigue, una hora después para no aburrir se ha dirigido a los musulmanes y a mí la voz de un niño, llevamos con el salmo o lo que sea más de hora y cuarto y la cosa parece no tener fin).

De vez en cuando carraspea y también se oye en todo el pueblo sus carraspeos. No sólo durante el día, también durante la noche. La primera noche me despertaron sus oraciones primero sobre la una de la mañana y luego sobre las tres. En los dos casos veinte minutos de plegarias.

Deben tener algún remordimiento porque me invitaron a tomar dátiles, dulces, un vaso de agua y otro de una especie de yogur tan líquido como la leche y muy salado. De vuelta al hotelillo donde estoy alojado, el dueño estaba en la recepción haciendo sus oraciones mirando a la Meca sobre una alfombra. Cuando acabó dejó la alfombra y cogió el móvil.


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