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Carreteras

Según el refrán, “nunca es tarde si la dicha llega”; refrán que expresamos de manera equivocada como “nunca es tarde si la dicha es buena” pues la dicha siempre es buena. De lo contrario, estaríamos hablando de desdicha. Lo mismo sucede con “mal de muchos, consuelo de tontos”; lo correcto es decir “mal de muchos, consuelo de todos”, lo cual resulta más amplio e incluye también a que no son listos. Si la desgracia se reparte parece que toquemos a menos. Lo de la dicha que ha llegado viene a cuento de que por fin -¡albricias!- se ha acabado y puesto en funcionamiento el tramo de la carretera N-232 entre Ráfales y el límite con la provincia de Castellón. Por pura casualidad, se ha abierto al tráfico a escasas semanas de la celebración de las elecciones generales y autonómicas. Son solo poco más de catorce kilómetros pero su construcción, con largas interrupciones y varias demoras, se ha prolongado durante cinco lustros, a los que se debe añadir un elevado sobrecosto, vicio del que adolecen todas las obras públicas españolas.

Seguro que podría incluirse en el Libro Guinness de los Récords. Como la futura y anhelada autovía entre Fuentes de Ebro y Valdealgorfa se realice a este mismo ritmo, habrá que contabilizar el tiempo por siglos y, seguramente, para entonces, la provincia de Teruel, si no se le pone pronto remedio, se habrá ya vaciado completamente.

Otro tramo de dicha carretera -las interminables curvas de Vallivana o puerto de Querol- se encuentra, asimismo, en obras que llevan a remolque, como no, un apreciable retraso con el plazo inicialmente previsto. Una vez concluida la reforma, se facilitará la salida de Aragón al mar y nos colocará, a Alcañiz y comarcas del Bajo Aragón y Matarraña, a poco más de una hora de la playa.

Pero, igualmente, se puede conseguir que el mar se acerque a nosotros. Para ello, es preciso saber venderse y hacer que parte de los numerosos turistas que visitan Morella sientan el aliciente de desplazarse unos kilómetros más para conocer nuestras tierras y disfrutar de su rico patrimonio, tanto artístico como natural, y de una exquisita gastronomía. El buen paño ya no se vende en el arca.

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