Opiniones

España en llamas

Este verano, España se está quemando. O la están quemando. Ya superan el centenar los detenidos e investigados por provocar esta ola de incendios que ha causado varias víctimas mortales y miles de desalojados. ¿Quién quema el monte? ¿Por qué se quema? ¿Estos pirómanos son terroristas medioambientales?, ¿descerebrados que prenden fuego para divertirse? u ¿obedecen a planes preconcebidos y sirven a intereses ocultos pero predecibles? Y como siempre, nadie es responsable. La culpa es del cambio climático aunque este tenga nombres y apellidos.

ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores), que conoce el mundo rural infinitamente más y mejor que los ‘burrócratas’ ecologistas de Bruselas, ha denunciado la situación de abandono y vulnerabilidad del campo español, consecuencia de “años de políticas equivocadas”. La civilización surge cuando el ser humano domina la naturaleza, domesticando animales y plantas. Ahora, se ha apostado por un modelo de ‘renaturalización’ de la naturaleza, que supone dejarla que campe libre y salvaje, sin contenciones ni intervención antrópica. Zarzas y matorrales se han adueñado de los bosques y pastos. Las abundantes lluvias de la pasada primavera han favorecido su crecimiento convirtiéndose, al secarse, en un polvorín activado, en numerosas ocasiones, por manos perversas.

Dice el refrán que más vale prevenir que curar. Y en España, es usual no tomar medidas precautorias ni en los incendios ni en las riadas e inundaciones ni, prácticamente, en nada. La inversión pública del Estado y las autonomías en la previsión de este tipo de desastres, en 13 años, se ha reducido a la mitad. A la ausencia de planificación y provisión hay que sumar la carencia de medios adecuados. El Gobierno central ha reducido la contratación de aviones antiincendios alegando no tener aprobados los Presupuestos Generales del Estado, y no puede utilizar ocho helicópteros de gran eficacia por las sanciones impuestas a la empresa rusa que los fabrica.

Tiempo atrás, el monte suministraba sustento para el ganado y leña para la gente; los suelos se mantenían despejados lo que, en caso de iniciarse un fuego, frenaba su propagación; hoy día, dichas tareas están proscritas -te pueden multar por recoger piñas secas de tierra- o exigen complicados e interminables trámites. Para ASAJA, la herramienta más eficaz en la prevención de los incendios es la ganadería extensiva pues reduce la vegetación y conserva abiertos y limpios los terrenos. Las absurdas trabas burocráticas al desarrollo rural aceleran el despoblamiento del campo.

En muchos espacios quemados se instalarán parques eólicos o solares. Si no, al tiempo.

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