Opiniones

Cavernícolas

Algo funciona mal en esta sociedad enferma en la que vivimos. Cada vez, son más las mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas, a pesar de la Ley de Medidas de Protección
Integral contra la Violencia de Género. Los hombres no vamos matando a las mujeres indiscriminadamente. En la mayoría de los casos, entre las víctimas y los verdugos, se da o se ha dado una relación dentro del entorno doméstico. Pero tampoco se puede negar la violencia contra las mujeres y que son muchas más las muertas a manos de hombres que al contrario, hombres asesinados por mujeres.

Como no se pueden negar los comportamientos machistas contra ellas, en especial, las agresiones sexuales cometidas por las, nunca mejor llamadas, manadas, en numerosas ocasiones, acabadas en muerte. Y lo alarmante es que estas conductas van acrecentándose entre los jóvenes. ¿Qué clase de educación les estamos dando? Y también ¿qué ejemplo reciben en sus casas? Estas actuaciones deplorables no se arreglan con lazos, carreras, manifestaciones o leyes que discriminan a los hombres castigándolos con mayores penas que a las mujeres por el mismo delito. Es preciso ir a la raíz y cambiar la mentalidad y forma de ser, complicada tarea considerando que, dentro de la multiculturalidad que disfrutamos, dichas
actitudes están muy arraigadas entre ciertos grupos. Es difícil mas no por ello se ha de desistir en el esfuerzo. Toda violencia es condenable sea de la clase o del género que sea.

Porque no debemos obviar otras violencias no tan mediáticas e, igualmente, en aumento; unas, dentro de la relación familiar, como la que se produce de hijos contra padres y de padres
contra hijos, en colectivos profesionales como el docente o el sanitario, donde profesores, médicos y otros profesionales son objeto de agresiones, o, simplemente, contra el diferente bien por su inclinación sexual, por su etnia o porque no piensa igual. De unos años a esta parte, la crispación y la intransigencia se han agudizado en nuestro mundo haciéndolo irrespirable en todos los sentidos. Tecnológicamente, estamos avanzando hasta límites inimaginables pero, en el aspecto humano y de los valores, estamos retrocediendo y volviendo a las cavernas si es que alguna vez hemos llegado a salir de ellas.

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