En 1950, se fundó la SEAT, acrónimo de Sociedad Española de Automóviles de Turismo, cuya fábrica se instaló en Barcelona. Siete años después, apareció el mítico SEAT 600 que revolucionó y motorizó a la España de la época. Antes del 600, el coche era un lujo accesible solo a unos pocos, pero, gracias a su precio asequible y a las facilidades de pago, una amplia franja de la población pudo adquirir su primer vehículo facilitándole los desplazamientos tanto en el ámbito laboral como en el del ocio. El 600, convertido en símbolo del desarrollismo económico de los años 60 y en emblema de la emergente y pujante clase media, permitió una mejora en la calidad de vida y una mayor sensación de libertad de los españoles. El cantautor Moncho Alpuente le dedicó una canción, “Adelante hombre del 600”, cuyo estribillo decía: “Adelante hombre del 600, la carretera nacional es tuya”. La composición era una loa a la autonomía y movilidad que significaba dicho modelo de auto en la España del despegue económico cuando comprar una casa estaba al alcance de gran cantidad de familias. El SEAT 600 se siguió fabricando hasta el año 1973.
Esta libertad de movimientos que, durante la dictadura franquista, suponía la posesión de un medio de transporte propio, por pequeño que fuera, se ve coartada por la dictadura de la Agenda 2030 que, poco a poco y solapadamente, nos van implantando sin que nos expliquen claro en qué consiste ni nos hayan pedido nuestro consentimiento. Hoy, el automóvil se está convirtiendo de nuevo en un artículo de lujo. Con la excusa de disminuir las emisiones de CO2 a fuer de respirar un aire puro y luchar contra el cambio climático, le han declarado la guerra y todo son limitaciones a su uso. Hablan de humanizar los espacios urbanos y transformar la ciudad de los coches en la ciudad de las personas para lo que se establecen zonas de bajas emisiones donde se prohíbe circular a los vehículos de combustión, los de las clases modestas que no pueden acceder, por su alto importe, a los eléctricos o híbridos; se eliminan aparcamientos en las calles lo que obliga a comprar o alquilar plazas en garajes; proyectan peajes en las autopistas y autovías y el compartir vehículo en los desplazamientos; impulsan un transporte público, cada vez peor y más lento, y que nos movamos en bicicleta o a pie. Pero, mientras debemos renunciar a nuestros autos o a viajar, los que dictan dichas normas se trasladan en jets privados para tratar de la sostenibilidad. Recientemente, el Congreso ha aprobado la Ley de Movilidad Sostenible que asume estas medidas que persiguen mantenernos controlados, pobres y confinados, pero siempre en beneficio nuestro. "La esclavitud nunca tiene tanto éxito como cuando el esclavo está convencido de que es por su propio bien".
