Se atribuye a Marco Tulio Cicerón, escritor y político romano del siglo I a. C. la frase: “Cuanto más cerca está la caída de un imperio, más locas son sus leyes”. Europa se va a pique. La muestra, los mandatarios que elige y las disposiciones o, mejor, los dislates que expide; así, recomendarnos un kit de supervivencia de 72 horas para casos de guerra. Por lo visto, la Unión Europea la considera probable o pretende atemorizarnos para que no nos opongamos al rearme del viejo continente ahora que Trump ha decidido que los EUA dejen de ser los paganos de su defensa.
Cada día nos sorprenden con nuevas extravagancias como la exigencia de registrar las explotaciones avícolas de autoconsumo. Las familias que crían gallinas para surtirse de sus huevos, algo de toda la vida en los pueblos, han de dar de alta a las aves o se arriesgan a ser penalizados con multas entre los 600 y 3.000 euros. Y el cursillo dirigido a los dueños de perros y gatos. Y sancionar con hasta 200.000 euros a los propietarios de mininos que no les implanten un microchip.
Y la sandez de prohibir las aceiteras y vinagreras rellenables en bares y restaurantes. Y la de los tapones unidos a las botellas de plástico y briks a fin de asegurar el reciclaje de todo el envase.
Quienes tiran el tapón arrojan también el resto. Así están las cunetas de carreteras y caminos.
La aplicación de la Agenda 2030 prohíbe la limpieza de los montes y de los ríos y barrancos y propugna la demolición de presas. Ya hemos comprobado las terribles consecuencias de estas políticas “ecolojetas”. Si a consecuencia del cambio climático con que nos amenazan, las pertinaces sequías van a aumentar, habrá que construir más pantanos para almacenar agua y no destruirlos. El Pacto Verde Europeo está empobreciéndonos con las regulaciones, aranceles internos y trabas burocráticas que impone. Nuestros agricultores deben cumplir unos requisitos fitosanitarios que no se aplican a las importaciones de otros países por lo que no pueden competir con ellas que, además, introducen plagas en nuestros campos.
España ha sido la huerta y la provisora de Europa. Ya nos ha adelantado Marruecos. Solo hay que fijarse en el origen de los alimentos en los supermercados.
Casi un tercio del total de los gases contaminantes es emitido a la atmósfera por la dictadura comunista china superando a Estados Unidos y Europa juntos. Sin embargo, los verdes no protestan ante sus embajadas y para Sánchez constituye un ejemplo de lucha contra la emergencia climática.
El precio de la energía en Europa es tres veces mayor que en China que se salta sin reparos las barreras ecologistas. Esto, sumado a las condiciones laborales de su mano de obra, explica que la producción resulte mucho más barata y, por tanto, mucho más competitiva. Nos vamos a pique pero a causa de las políticas surrealistas de nuestros dirigentes. ¿Será que alguien cobra por ello?
