ESPEJITO, ESPEJITO, QUIÉN ES LA MÁS GUAPA DEL MUNDO

En el piso de Zaragoza tengo un espejo que es inmisericorde. Padece de algún maleficio

porque refleja a una persona que no soy yo ¿De dónde han salido todas esas arrugas? ¿y las

canas? Si tengo casi más que mi madre. Mi silueta que un día fue espigada,, no digo alta
porque nunca he pasado de los 160 cm, ahora es redondeada por todas y cada una de sus
partes y algunas han decidido por su cuenta y sin avisar que se aflojaban, en un estado de
languidez nada romántico. Y de repente me convierto en una chica de First Dates de 55 años,
funcionaria, divertida, alegre, optimista. Y como telespectadora estoy pensado, ¡Ni de coña
tiene esa mi edad! Por lo menos tiene cuatro más.
El tiempo es relativo, cuando eres pequeño parece que navega lentamente, falta mucho para
la comunión, los catorce están a años luz y a los veinte eres ya vieja. Pasas el tiempo jugando
con tus amigas, comiendo chocolate cocido en los cumpleaños, a alguna madre se le quedó
muy líquido y ese permanece siempre en el recuerdo, y vives como si no hubiese fin.
Mis etapas se dividen no en años sino en mejores amigas. Echando la vista atrás he debido de
ser una veleta, porque, he tenido muchas mejores amigas. Salvo una de la que no guardo muy
buen recuerdo, etapa 15-16 años, mis otras mejores amigas han sido maravillosas y ,si hubo
una culpable en la separación, seguro que, con razón o sin ella la culpable he sido yo. Las
imágenes son tan nítidas que parece que fue ayer y tengo ganas de esconderme con ellas para
contarnos nuestros pequeños secretos, jugar, estudiar hasta las tantas, reírnos por cualquier
tontería…
Una de mis frases es “a partir de los 50 no es hora de soñar sino de cumplir sueños” y se me va
pasando el tiempo sin cumplirla. Es hora de escribir en un papel lo que de verdad deseo e ir
por ello. Lo primero será que desaparezca la silueta botijo, necesitaré un buen sortilegio y una
varita mágica. Los demás me los reservo, porque el segundo es no contar a nadie lo que llevo
entre manos.


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