Opiniones

¿Estudiar?

Pedro Sánchez cuenta con 452 asesores puestos digitalmente, esto es, a dedo, frente a los 294 que rodeaban a Rajoy, con un coste de 15,1 millones de euros, casi los 19 millones destinados en el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado de 2021 para combatir la despoblación. Y resulta que de todos esos que prestan sus, sin duda, valiosos consejos a nuestro presidente, casi la mitad no tiene estudios superiores. Hubo un tiempo en el que la educación fue un medio eficaz para la promoción de las clases humildes que, con becas para las que se exigía una nota media de notable (en el presente basta un 5,5 para obtener la beca mínima) y con el esfuerzo económico de las familias pudieron cursar una carrera y prosperar en la sociedad.

Pero esto es ya el pretérito. Ahora, no es preciso estudiar ni esforzarse para labrarse un porvenir. Basta dedicarse a la política para medrar en la vida. Con labia y buenos padrinos…

Tenemos un presidente que cometió varios plagios en su tesis doctoral. Amenazó con denunciar al periódico que había publicado la noticia pero dos años después sigue sin hacerlo. El líder del primer partido de la oposición empleó siete años en sacarse media carrera de Derecho y, en tan solo un curso, aprobó la otra mitad. La portavoz del partido del Gobierno se matriculó en una carrera universitaria que abandonó para volcarse en la política. Para qué perder el tiempo estudiando si ya tenía el futuro asegurado. Cuando termine su trayectoria pública la colocarán en algún consejo de administración o compañía eléctrica y a vivir. Lo mismo ha sucedido con varios ministros y con un presidente del Congreso. De todas formas, ostentar un título universitario no es garantía de nada. Muchos pasan por la universidad pero la universidad no pasa por ellos.

Y tampoco va a hacer falta aplicarse en los niveles inferiores. Según la nueva ley de educación, la LOMLOE, (cada partido confecciona la suya) se podrá pasar de curso con todas las
asignaturas suspendidas, lo que equivale a un aprobado general. La escuela y el instituto desterrarán los restos de disciplina de trabajo, esfuerzo y afán de superación que quedaban y se acabarán de convertir en un aparcamiento para niños y adolescentes, en un lugar de divertimento, y los profesores, como la película de Arnold Schwarzenegger, en polis de guardería.

Todo el alumnado tendrá título, aunque ya no sirva para nada. Se habrá conseguido la igualdad. Es cierto que por abajo, pero todos y todas serán iguales en ignorancia. Lo que nada cuesta, nada vale. La frase de Tomas Bulat resume perfectamente lo que se pretende: “Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema. El saber rompe las cadenas de la esclavitud”.

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