Opiniones

Incivismo

No creo que haya nadie que, en su casa, vaya arrojando por los suelos colillas y desperdicios para que los padres, el otro miembro de la pareja o el servicio los recojan después sino que los echamos directamente en el cubo de la basura. Esta actitud normal se volatiliza cuando cerramos la puerta de nuestra vivienda y salimos al descansillo y, no digamos, a la calle.

Aquí ya, ancha es Castilla y se da rienda suelta al incivismo; ya vendrán los barrenderos y escobarán que para eso se les paga. Además, algunos piensan -y no se cortan en expresarlo- que, al fin y al cabo, les están dando faena. Esto se observa, sobre todo, entre la gente joven que, supuestamente, debería ser la más concienciada y solidaria con los trabajadores -que no servidumbre- y con la limpieza de calles y jardines que son todos, no solo de ellos. ¿Qué está fallando para que no se logre inculcar dicha convicción en el personal?

El tránsito de los humanos por un paraje se adivina por la basura van dejando atrás.

Paseando por el monte, en los bordes de caminos y senderos aparecen esparcidas cajetillas de tabaco, botellas de plástico, latas de cerveza o refrescos… cuando no bolsas repletas de basura.

Existen en cantidad mentes miopes donde anida la idea de que por un envase más o menos en tierra, no pasa nada. Ya se encargará la naturaleza de descomponerlo. Si se carga su peso cuando están llenos ¿no se pueden llevar vacíos hasta un contenedor de la vía pública o hasta casa y no emporcar el campo? Y seguro que más de uno de estos desidiosos sujetos irá postulándose y presumiendo de ecologista. Pero que reciclen otros. Solemos admirar con envidia la pulcritud con que ciertos países miman su patrimonio. Pero no hacemos nada por parecernos a ellos. Nos falta mucha educación y civismo para alcanzar su nivel. Sin embargo, tal como evoluciona la sociedad, difícil veo que consigamos llegar a igualarlos. Pensar en los demás y en la naturaleza ¿resulta tan complicado? ¿Tanto esfuerzo cuesta cuidar lo que pertenece a la comunidad con el mismo esmero con el que cuidamos lo nuestro? Parece ser que sí. Como dice el refrán: “No es más limpio quien más limpia sino quien menos ensucia”.

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