Opiniones

Procesiones

Hemos vivido una Semana Santa, ciertamente, insólita. No había sucedido algo parecido, aunque por motivos, obviamente, diferentes, desde la Guerra Civil. Nunca mejor dicho, las
procesiones -y la procesión particular de cada uno- han ido por dentro. Sobre todo, la de esos millares de familias que no han podido velar ni despedir a los suyos, muertos en la más absolutasoledad. No es una desgracia remota y ajena a nosotros como las catástrofes causadas por las guerras, los naufragios de pateras o el drama de los refugiados y que contemplamos displicentes en la televisión sino que somos los actores de la tragedia.

Casi todos, en nuestro círculo de amistades o de trabajo, tenemos conocimiento de alguien afectado en mayor o menor grado. Sin embargo, preferimos, como en tantas ocasiones, soslayar este duro escenario y pasar de puntillas sobre él en un intento de esconder el temor y la ansiedad que nos atenaza. Ojos que no ven…

Otras semanas santas vendrán pero no podemos olvidar a todas esas personas fallecidas, reducidas, oficialmente y en los medios de comunicación, a un simple número de una aséptica estadística diaria, a un punto de una curva, y que no la han podido vivirla, sea desde la fe y la tradición o desde unos días de asueto. También se merecen un recuerdo y sus familias, apoyo y solidaridad. Por eso es de agradecer el homenaje que el Viernes Santo les dedicaron en Alcañiz los servicios de emergencia, seguridad y sanitarios.

Está bien envolvernos en un tono festivo y asomarnos cada día a los balcones a aplaudir a esos colectivos que procuran por todos nosotros en estas semanas de forzado y necesario confinamiento, exponiendo su propia salud pues las más de las veces carecen de los medios de protección necesarios. Incluso, resulta necesario si queremos hacer nuestro encierro más llevadero y no poner en peligro nuestra salud emocional. Pero tampoco debemos ignorar la realidad en la que estamos, desgraciadamente, inmersos ni la que nos sobrevendrá en el terreno económico cuando todo esto pase, que, sin duda alguna, pasará. Hemos de ser responsables.

Si no perseveramos en las medidas establecidas, la situación se agravará de nuevo y veremos alejarse el retorno a la normalidad. Es preciso hacer caso a las indicaciones y quedarnos en casa.

Y ojalá podamos decir pronto, como en las tardes de Sábado Santo en la plaza de España alcañizana, al terminar la procesión del Santo Entierro: “¡Suenen los tambores!”.

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