El pasado 21 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Poesía, instituido por la Unesco en 1998. ¿Para qué sirve la poesía? En un mundo materialista y consumista que tiende al vacío y a la ausencia de sentimientos, no tiene utilidad práctica alguna. No sirve para nada.
Lo mismo sucede con los sueños. Pero la poesía no pertenece a este ámbito externo sino que se aloja en la intimidad de las conciencias. Somos cuerpo y algo más, llámese alma, espíritu, intelecto o energía. Y un alimento de ese algo más es la poesía. Para el poeta, constituye, principalmente, una especie de catarsis para descargar turbaciones y revelar alegrías, exorcizar sus demonios interiores, ahogar en tinta sus rémoras; un intento de buscar la belleza en las cosas nimias, de querer transformar el mundo con sus versos, de volar y sentirse libre. Para el lector, además de una evasión, puede constituir un consuelo, un bálsamo, un calarse de trascendencia.
La poesía es un lugar de encuentro entre las dos partes, el autor y el receptor, un recinto donde compartir sentimientos y desde el que contemplar cuanto nos rodea con una visión diferente.
La palabra “poesía” proviene del griego “poiesis” que significa creación o producción y pasa a definir todo proceso creativo. Es por ello que la poesía se halla en el origen de la literatura.
Las primeras obras literarias eran poemas. Pero la poesía no solo está en los libros, podemos hallarla en cualquier estímulo de los sentidos que nos emocione. Dentro de nosotros se esconde un poeta. A poco que profundicemos, daremos con él.
La poesía nos hace más humanos y nos rescata de la vorágine mercantilista que nos envuelve y que enmohece y atrofia la sensibilidad.
En este tiempo duro de forzado confinamiento que estamos cruzando, invito a leer poesía.
Siempre encontraremos poetas o poemas que nos agraden. Seguro que recordamos alguno de los que aparecían en los libros de texto. No hace falta ser conocedor de las técnicas de la poesía, como la métrica o las figuras retóricas, para conmoverse con un poema, igual que no se necesita dominar las notas y las claves para emocionarse con la música. Pero no se puede devorar un libro entero de una vez. La poesía hay que saborearla poco a poco, lentamente, sintiendo el tacto de las palabras y dejándose acariciar por los versos. Dejar que pulse nuestra fibra sensible.
Como escribió Jorge Luis Borges: “La poesía sirve para el placer, para la emoción, para vivir”.
