Calores

De toda la vida de dios, ha hecho calor en verano y frío en invierno. Y de toda la vida de dios, ha habido olas de calor y olas de frío. En 1956, las heladas acabaron con las oliveras de la comarca del Matarraña. En el verano del año siguiente, en La Mancha, se superaron los 50º. En 1963, Calamocha alcanzó el récord de temperatura mínima en un lugar habitado en España con 30º bajo cero. Y en 1978, en Alhama de Almería se alcanzaron también los 50º. Pero entonces no nos lo vendían como cambio climático.

Acostumbrados a comodidades como los aires acondicionados y las calefacciones, en el trabajo, en el ocio, en los comercios…, nos hemos reblandecido y soportamos menos las oscilaciones extremas del oraje.

No se puede negar que el clima de la Tierra está cambiando. Es más, lo hace de manera constante desde su formación hace unos 4.600 millones de años. Los periodos glaciares, de clima polar, se han ido alternando con los interglaciares, de clima más benigno.

Estas variaciones se han ido produciendo muy lentamente. Lo que algunos discuten es si la acción humana acelera dichas mutaciones. Parece ser que no todos contaminan de igual manera. China arroja a la atmósfera casi un tercio de las emisiones mundiales de CO2. Sin embargo, va a construir 43 nuevas centrales eléctricas y 18 siderúrgicas, todas de carbón. Y nadie protesta contra el Gobierno comunista chino o lo hacen con la boca pequeña.

La culpa es de la gente de a pie, por comer carne, usar un coche diesel o el aire acondicionado. Que ya ha dicho el exdirigente podemita, Ramón Espinar, que vivimos por encima de nuestras posibilidades ecológicas y que deberemos acostumbrarnos a utilizar menos los aires acondicionados. Volveremos al botijo y al abanico y nos alimentaremos con el pienso que fabrica Bill Gates. Pero lo de pregonar con el ejemplo no va con ellos. Los gurús del cambio climático no ponen en peligro el futuro del planeta. Se desplazan, incluso a las cumbres del clima, en sus aviones particulares. O como nuestro presidente, que viaja en Falcon a inaugurar trenes. Los vuelos regulares -ahora quieren encarecerlos y limitarlos- son para el rebaño. Así nos tratan. Se habla de inmunidad de rebaño. Si bien el término hace mucho que está adoptado, podían haber buscado otra expresión más acertada. Y nosotros agachamos la testuz sin decir ni mu aunque, a no mucho tardar, acabaremos diciendo be.


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