Estamos de enhorabuena. Parece que, por fin, hemos dejado atrás la crisis y se han acabado los recortes. Al menos, para la clase política. La primera decisión adoptada por muchos de los nuevos ayuntamientos ha sido subir los emolumentos de alcaldes y concejales. Y no una simple actualización de acuerdo al IPC como nos aplican a trabajadores y jubilados. Una subida como Dios manda. Y aquí ha habido consenso –algo impensable e imposible en otros temas- de todas las fuerzas políticas, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, que también existe aunque no se refleje en los medios de comunicación. Como en Fuenteoveuna, “todos a una”.
Han sido numerosos los casos y algunos, escandalosos. En Las Palmas de Gran Canaria, en un pleno extraordinario y urgente que solo duró minuto y medio, sin debate y por unanimidad, se acordó mejorar las retribuciones del equipo de gobierno hasta en un 16 % y las de la oposición, en un 47 %. La marca se la lleva el alcalde de Pilar de la Horadada (Alicante) que se ha elevado el sueldo en un 160 %. Otros ejemplos significativos son los de Pollensa (Mallorca), donde el primer edil cobrará un 44 % más y Huesca con un 43 % de aumento acordado por todos los grupos. Y Sevilla y Málaga y Huelva y Valdemoro... También ha sucedido lo contrario, aunque cause extrañeza. Algunos ayuntamientos han reducido las retribuciones de sus munícipes. Así, la alcaldesa de Durango (Vizcaya), de EH Bildu, percibirá 27.000 € menos al año. El anterior alcalde, del PNV, ocupaba el puesto vigésimo entre los mejor pagados de España. Otros consistorios regidos por esta formación separatista se han rebajado, igualmente, sus remuneraciones. Y, a mucha distancia, figuran Guadarrama (Madrid), La Laguna (Santa Cruz de Tenerife) y otros.
¿Cuántos partidos llevaban en sus programas electorales estos incrementos de sus salarios? Seguramente, ninguno pues se trata de una medida impopular y criticable. Ahora, se entiende mejor a la ministra de Hacienda en funciones cuando comenta que es un mantra lo de que el dinero de los contribuyentes está mejor en los bolsillos de estos. Para justificar estos ascensos en los haberes de los regidores se ha argumentado que, en muchos casos, llevaban varios años congelados y había que ponerlos al día. Menos mal que les mueve el servicio a la sociedad, que si llegan a dedicarse a la política por interés personal… Pero no hay que ser suspicaces ni retorcidos. Todo lo hacen por el bien del pueblo y por “dignificar la tarea política”.
