Donald Trump ha entrado en su segundo mandato como un elefante en una cacharrería y ha dejado claro que para él solo existen tres potencias mundiales, USA, China y Rusia, despreciando públicamente a la Unión Europea de la que ha declarado que fue creada para fastidiar a los Estados Unidos. Los norteamericanos, durante el siglo XX, en las dos guerras mundiales y en las recientes y olvidadas guerras de los Balcanes, han sacado las castañas del fuego al viejo continente aunque, en los últimos tiempos, han iniciado un repliegue exigiendo a los miembros europeos de la OTAN el aumento de sus presupuestos de defensa. Recientemente, el vicepresidente yanqui atacó con dureza a las democracias europeas acusándolas de alejarse de sus valores fundamentales y de ignorar las preocupaciones de los votantes sobre emigración y libertad de expresión. La fragilidad de Europa quedó retratada, carente de unidad y liderato, en declive internacionalmente y empobrecida y dependiente por sus erráticas políticas económicas y energéticas.
Antes de tomar posesión, Trump consiguió el alto el fuego entre Israel y los terroristas de Hamas y el intercambio de prisioneros por rehenes –vivos y cadáveres- capturados por la organización palestina en octubre de 2023, en el mayor pogromo o masacre de judíos desde los nazis. 1.200 personas fueron brutalmente torturadas y asesinadas y unos 240 rehenes llevados a Gaza. El derecho internacional considera la toma de rehenes como “uno de los delitos más abominables y repudiables”. La respuesta israelí ha sido desmedida pero no se enfrenta a hermanitas de la caridad. Y, como en todos los conflictos, siempre pagan los mismos.
En Ucrania, el pacto, tras la bochornosa bronca televisada en directo entre Trump y Zelenski que exigía garantías de seguridad para su país, parecía naufragado. Pero ante la amenaza de ver paralizada la ayuda militar de Washington, Zelenski se ha retractado y acepta el liderazgo de Trump para llegar a una paz duradera. Europa y España, en una muestra de hipocresía, sostienen a Ucrania política, humanitaria, militar y económicamente y, al tiempo, financian a Rusia comprándole mucho más gas natural que antes de la guerra. Un lunes, Sánchez visita Ucrania para apoyarla y el martes vota en contra de condenar su invasión por el exagente de la KGB soviética. El presidente francés y el primer ministro británico acudieron a la Casa Blanca para defender sus intereses nacionales. En cambio, Sánchez se ha erigido en adalid europeo contra el trumpismo sin medir las consecuencias.
El mundo está en manos de narcisistas sin empatía. Y a algunos los votan.
