Tras meses de enfrentamientos entre los dos partidos socios del Gobierno y con el
feminismo histórico en contra, el Consejo de Ministros ha aprobado el Anteproyecto de Ley
Trans y Derechos LGTBI que reconoce la autodeterminación de género. Desde los 16 años,
se podrá cambiar de sexo y nombre en el Registro Civil y el DNI con la simple declaración
de la persona interesada sin los dos años de hormonación, preceptivos en la actualidad, y
un informe médico. Entre los 14 y los 16 años, los menores deberán estar asistidos por sus
representantes legales; entre los 12 y los 14, podrán modificar el nombre pero no el sexo
para lo que será precisa la autorización judicial; con menos de 12 años, solo se autorizará
mudar de nombre. Esta medida puede dar lugar a situaciones chocantes como el que
condenados por violencia de género adopten el otro sexo para cumplir penas más laxas o
quienes lo hagan con el fin de superar pruebas físicas –no tan exigentes para las mujeres-
requeridas en el acceso a ciertas profesiones. O los fichajes en los deportes femeninos.
También, se reformará el léxico. Ya no habrá madre y padre sino progenitores gestante y no
gestante y la viuda será cónyuge supérstite. Se está trivializando el problema de la transexualidad,
que va más allá del mero cambio registral de la identidad sexual.
Debería preocuparnos que las ideologías traten de imponer su verdad sobre la Ciencia, la
Gramática y la Historia y regulen nuestras vidas privadas. Hace unas semanas, un profesor de un
instituto de Alcalá de Henares fue suspendido seis meses de empleo y sueldo por afirmar que,
únicamente, existen dos sexos, el masculino y el femenino. El docente explicó a sus alumnos de
ESO, que, de los 64 cromosomas humanos, dos, los sexuales, determinan si se es hombre o
mujer. Los hombres nacen con los cromosomas XY y las mujeres con los XX y, aunque se puedan
transformar su fisonomía mediante tratamiento hormonal y cirugía, genéticamente, seguirán
portando los cromosomas XY o XX. Esta realidad biológica, ahora, es negada aduciendo que,
sobre la diferencia sexual, se ha ido imponiendo, a lo largo del tiempo, una estructura cultural de
desigualdad que confiere a los hombres una hegemonía al que las mujeres están subordinadas.
El sexo ha sido sustituido por el género del que, de momento, se han etiquetado hasta 37
identidades diferentes y es decidido por cada persona. El Estado intervendrá a las familias si los
padres no respetan la “expresión de género” de sus hijos. Como afirmó G. K. Chesterton: Llegará
el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde.
DE SEXOS Y GÉNEROS
Jesús Moreda
