Empatía

Al hilo de lo comentado en mi anterior publicación, quisiera continuar con la importancia de la educación.

Todos (espero) estamos de acuerdo en que ya va siendo hora una Ley de Educación en condiciones y con estabilidad temporal, ya que salimos de media como mínimo a una ley por cambio de gobierno, algo “de risa” si no fuera porque es un tema muy serio.

En su elaboración deberían tomar parte en más medida los profesionales de la educación que los políticos desde su despacho, que son los verdaderos conocedores de los métodos de enseñanza y necesidades del alumnado. Tampoco estaría de más una revisión de las horas asignadas a cada materia (me refiero sobre todo a educación infantil, primaria y parte de la secundaria), porque creo que muchas asignaturas consideradas como “no importantes”, lo son, y mucho. Y viceversa, a lo mejor hay que rebajar carga de ciertas asignaturas.......harían falta varios artículos para comentar el asunto en profundidad.

Pero la gran asignatura pendiente en todos los niveles educativos, por lo menos hasta que fuera algo normal aprenderla en casa, es la empatía. Como palabra todos la conocemos: ponerse en el lugar del otro.

Cuando nos va mal, casi que hasta la exigimos de los demás, pero al contrario se nos olvida.

Ojo, no confundir empatía con “buenismo” ni con compasión y similares, no es lo mismo. De hecho, con empatía, ya no es necesario tener esa “pena” ni compadecerte, porque si has comprendido la situación del otro, actúas directamente como debes y/o puedes, sin más.

Como padre de un niño con necesidades educativas especiales, este tema me toca de lleno. Por suerte, en el colegio al que va (el Juan XXIII de Huesca), trabaja un equipo docente como la copa de un pino, y han conseguido, entre otras cosas, que desde infantil y lo que lleva de primaria, mi hijo sea uno más de su clase, de su curso y de su cole, sin que sea el “rarito”, ni todo lo contrario, sin ningún privilegio por tener dificultades. Simplemente, se le ayuda con ellas. Lo dicho, para sus compañeros y amigos es uno más.

Pues eso no hubiera sido posible si sus profes y resto de personal del colegio no hubieran tenido empatía y no la hubieran transmitido a niñas y niños, incluido el mío. Así de fácil y de complicado.

Menos mal que pese a las leyes educativas, quedan buenos profesionales.

Llamádme iluso si queréis, pero quizá instaurando la asignatura de empatía, las futuras generaciones no tuvieran que preocuparse por asuntos como Afganistán, el precio de la luz y demás asuntos candentes.

Hasta se podría conseguir un 100% de honradez en la clase política (igual me he pasado...).


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