Hacia la cuarta ola

Por segundo año, hemos vivido una Semana Santa sin procesiones. La pasada, estábamos confinados en nuestras casas, según ha confesado Fernando Simón porque no sabían qué hacer. En esta, se nos ha permitido movernos dentro de cada comunidad, a menos que se sea extranjero que se puede, sin control alguno aun proviniendo de países en situación mucho peor que la nuestra, entrar en nuestro territorio por tierra, mar y aire y circular por él libremente.

El 21 de junio de 2020, finalizado el estado de alarma, pasamos a la “nueva normalidad”. 

Sánchez declaró tener controlado el virus y animó a la ciudadanía a “salir a la calle y disfrutar”. No tuvo que insistir mucho. La ciudadanía, agobiada por la larga reclusión, le hizo caso y salimos y disfrutamos, pero con la mascarilla puesta. Sin embargo, no tardaron en reproducirse los brotes.

Los primeros, a comienzos de julio, en la comarca leridana de Segriá entre los temporeros de la fruta, muchos, ilegales. De ahí, el virus se extendió al Este de Huesca y al Bajo Aragón-Caspe, zonas que fueron confinadas de nuevo. El Gobierno autonómico de Madrid pidió controles en la entrada de viajeros por Barajas, sobre todo en los vuelos procedentes de lugares donde los efectos del coronavirus eran graves, pero el ejecutivo central, siempre tan escrupuloso en ciertos temas, se negó aduciendo que restringir el tránsito de personas por nuestras fronteras era racista.

Tan solo, se han establecido escáneres térmicos en los aeropuertos dejando abiertas las puertas a quienes quieran venir, incluidas las diversas cepas en las que ha ido mutando el covid. Nuestro experto en pandemias, a mediados de enero, vaticinó que la cepa británica, mucho más contagiosa, sería marginal en España. A los pocos días, hubo de rectificar ampliando su impacto hasta el 50% de los infectados. Dicha cepa supera ya el 90% de los nuevos casos diagnosticados.

Desde luego, como oráculo, no tiene futuro. El problema es que sus errores nos salen caros.

Con la relajación de medidas durante el verano, los contagios por covid-19 volvieron a dispararse por lo que el Gobierno, el 25 de octubre, impuso otro estado de alarma; ahora, con normas menos estrictas. Esta segunda ola causó, en media España, más muertes que la primera.

La tercera ola nos sobrevino tras las Navidades. Y, sin haber salido de esta, está irrumpiendo ya la cuarta. Pretendían que usáramos la mascarilla en todas partes, incluso en la playa o en el campo. Salvo si se fuma. Por lo visto, el tabaco repele los virus. Han dado marcha atrás. Rectificar es de sabios aunque hablar de sabios…


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