Okupas

Aunque hoy día pueda parecer imposible, hubo un tiempo, no tan lejano, en el que no se cerraban con llave las casas, sobre todo, en los pueblos. Lo ajeno se respetaba y las noticias sobre robos resultaban algo excepcional. Pero todo cambia y, poco a poco, los actos de latrocinio comenzaron a crecer y, para evitarlos, se hizo necesario adoptar medidas de seguridad.

En las fincas, se fueron imponiendo los porteros automáticos y, en los pisos, las puertas blindadas. Nos hemos habituado a esta clase de delitos y han dejado de sorprendernos. Lo indignante y vergonzoso es que esté sucediendo lo mismo con la ocupación de viviendas considerada ya natural en los anuncios de alarmas.

Los testimonios sobre este problema, algunos escalofriantes, se han multiplicado. Así, el dueño de un piso usurpado consiguió recobrarlo mientras los okupas veraneaban en Ibiza.

Ahora, puede verse denunciado por allanamiento de morada. O la mujer que se apropió de la casa de la anciana a la que cuidaba tras fallecer esta durante el confinamiento y a la que mandó incinerar sin el permiso de las hijas. Cada vez son más quienes, para impedir el asalto de sus propiedades, tapian puertas y ventanas y, en muchos lugares, se organizan en patrullas para hacer frente a los okupas con el peligro de que la gente empiece a tomarse la justicia por su mano.

Asimismo, han aparecido empresas especialistas en desokupaciones. Hasta el momento, solo sabíamos de incidentes anónimos pero, últimamente, se han visto también afectadas personas conocidas como una periodista de Telecinco, afín a los partidos valedores de los okupas. Gracias a la Guardia Civil, pudo recuperar su residencia. La operación se transmitió en directo.

La legislación española es muy blanda con este tipo de delincuentes que ya actúan por medio de bandas mafiosas y que, envalentonados ante la permisividad existente, campan a sus anchas invadiendo pisos y chalets mientras los propietarios se encuentran desamparados, por completo, frente a ellos, sin poder echarlos y debiendo seguir abonando los gastos de luz, agua, gas, etc. No cabe, pues, extrañar que el fenómeno se haya disparado escandalosamente. Un 41% en Barcelona donde el Ayuntamiento de Ada Colau ofrece talleres a los jóvenes para la “liberación de espacios” siguiendo teorías anarquistas y ha aprobado la ocupación de un edificio por antisistemas pagándoles, además, las obras de rehabilitación.

El mundo al revés. Como, erróneamente, dicen que dijo don Quijote, pues la cita es del Cantar de Mío Cid: “Cosas veredes, amigo Sancho, que harán hablar las piedras”.


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