Opiniones

Vándalos

Hace escasas semanas, nos indignamos con la noticia de que un grupo de jóvenes había realizado pintadas con espráis de colores en la torre gótica de Alcañiz, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) y recién restaurada, en el parque del Cuartelillo y en otros espacios de nuestra población. Los cinco perpetradores del desaguisado, cuatro de ellos menores, fueron identificados por la policía y se comprometieron a subsanar los daños causados, a lo que ya han procedido juntamente con una empresa especializada.

Por desgracia, no es la primera vez que se producen estas conductas vandálicas en nuestro casco urbano sino que ya viene de antiguo. En 2018, el recinto de la ex-colegiata (a mi modesto entender, uno de los rincones más bellos de la capital del Bajo Aragón a pesar de la chapucería de la calle Infanzonía) ya fue objeto de este tipo de acciones deplorables con grafiti y graves desperfectos en su mobiliario urbano. El Ayuntamiento de Alcañiz informó que el incivismo suponía unos gastos superiores a los 20.000 euros anuales. Años antes, otra pandilla de adolescentes destrozó a pedradas el tejado del lavadero de Santa María, en la ribera del Guadalope, junto al puente de la plaza de toros. Y bastante más atrás, otra banda se cebó con la ornamentación que los alumnos de la escuela taller habían realizado en los jardines del cerro de Pui Pinos, ocasionando importantes daños, entre ellos a la fuente de las Ranetas.

Ha llovido bastante desde entonces pero hay gente que no cambia. Afortunadamente, los “vándalos” son minoría e, igualmente, tenemos ejemplos inversos que son de admirar como el de otros cuatro jóvenes que, por propia iniciativa y con productos pagados de su bolsillo, acometieron la limpieza de la fuente de las Ranetas y su entorno. Ojalá cunda el ejemplo entre los jóvenes y también entre los adultos. No se trata solo de que unos limpien sino de que nadie ensucie. De cuidar lo que es de todos con el mismo esmero con que cuidamos lo particular. Reponer el patrimonio deteriorado –las más de las veces por la inmadurez de unos pocos- nos cuesta unos dineros que podrían ser dedicados a otros menesteres y ofrece a los visitantes una imagen pésima de nuestra ciudad y de los alcañizanos.

Repito mi consejo a esos individuos que se divierten manchando las paredes de nuestras calles: Que escriban y pinten menos y que lean más; obtendrán mayor provecho.

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