Charlatanería invasiva

El poder judicial no debe ser independiente, debe evitar que se robe, y no lo hace. El gobierno no está legitimado por la mayoría, sino por la capacidad de distribuir la riqueza y alcanzar las más altas cotas de progreso científico y humanista, y no lo hace. Se limitan a ser rehenes de su pasado de intrigas y disputas, y acaban, eso sí, en las riberas de los ríos para partir, repartir y llevarse la mayor parte, alejándose de los trabajos productivos y entregándose a los especulativos, además de los que les afloran de los abismos incapacitados, represores y violentos. Ríos, flujos de cash. Los obreros siempre son una inmensa mayoría, pero incapaz de mantener ni sus puestos de trabajo, sin la dirección operativa, una inmensa minoría. Si fueran confiables, se preocuparían por aprender a ser autónomos y reducir al mínimo las contingencias, y no lo hacen. No piensan en la estructura económica, y menos con habitualidad, mejor entregarse a codicias simplonas. -¿En qué parte de todo este rollo se ve cómo robar?- se dirán cuando les convocan a reuniones clandestinas con mandamases de pacotilla.

O: -¿De cuánto estamos hablando?- En esa precipitación a las expresiones confusas y crípticas, que van reduciendo el entendimiento a eso, robar, y lo que haga falta, -pero no me líes la cabeza, que no estoy para jeroglíficos-. Y los legisladores, ay, incapaces de encontrar a Wally (no robar) en los océanos normativos. A lo mejor ni está dónde mira esa parte de la mayoría.


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