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Constituciones

El pasado 6 de diciembre celebramos el cuadragésimo quinto aniversario de la constitución.

Una larga vida únicamente superada por los 47 años de la de 1876. La historia de España ha sido profusa en constituciones, ocho, además de dos proyectos y de una carta otorgada. A diferencia de otros países como Estados Unidos que sólo han tenido una, la de 1787, la todavía en vigor.

En 1808, tras las abdicaciones de Fernando VII y de Carlos IV, Napoleón cede la corona de España a su hermano José I, “Pepe Botella”, e impone la carta otorgada de Bayona. En plena Guerra de la Independencia, se reúnen las cortes en Cádiz y redactan la primera Constitución española aprobada el 19 de marzo de 1812, la Pepa. Derogada por Fernando VII al regreso de su exilio, volverá a estar vigente durante el Trienio Liberal tras el golpe de estado de Riego, en 1820.

Fallecido el rey felón, la regente María Cristina buscó el apoyo de los liberales para asegurar el trono a su hija Isabel II frente a las pretensiones carlistas. Así, en 1834, se promulga el Estatuto Real, de carácter moderado, que finiquitó el antiguo régimen. En 1837, un motín militar forzó a la reina madre a restablecer la Constitución de Cádiz y a convocar cortes constituyentes que elaboran una nueva carta magna progresista. La sustituyó la moderada de 1845. De la posterior sublevación progresista, nació en 1856 una nueva constitución que no llegó a promulgarse a causa de otro golpe de los moderados. En 1868, la revolución destronó a Isabel II. La nueva constitución progresista de 1869 instaura como rey a Amadeo I de Saboya. Este abdica en 1874, proclamándose la I República, cuya constitución tampoco llega a ver la luz al fracasar, a los once meses escasos, el experimento republicano. La siguiente constitución de 1876, moderada, pervivirá hasta el golpe de estado del general Primo de Rivera en 1923. La constitución de 1931 de la II República será progresista.

Tras la muerte de Franco, se pasa pacíficamente de la dictadura a la democracia en un proceso modélico conocido como la Transición. En diciembre de 1976 se vota en referéndum la Ley de Reforma Política que ponía fin al Franquismo. La extrema derecha pedía el no y la izquierda -que propugnaba la ruptura- la abstención. Esta fue del 23%. El 94% de los votantes lo hizo a favor. El Parlamento elegido redactó la norma suprema actual.

Hasta entonces, cada partido que subía al poder, por lo general tras un golpe de estado, alumbraba su propia carta magna. La Constitución de 1978, por el contrario, fue fruto del diálogo y del consenso; todos los partidos mostraron generosidad y cedieron en sus aspiraciones. Y ha sido la única de nuestra historia refrendada por el pueblo. Votó el 67% del censo y la ratificó casi el 88% de los sufragios. En Cataluña, con una participación algo superior al resto de España, se mostró a favor más del 90%. Las dos Españas se amnistiaron y dejaron de helarse mutuamente el corazón, como escribió Antonio Machado. Durante su vigencia, España ha experimentado su mayor periodo de paz y de desarrollo. Sin embargo, en los últimos años se ha abandonado el espíritu de concordia de la transición y se han reactivado las dos Españas. ¿Por qué no aprendemos de la Historia y se vuelve al diálogo sin cordones sanitarios ni barreras? Diálogo de todos con todos y por el bien de todos.

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