Opiniones

Croquetas

Te quiero. Te quiero, hoy en día lo decimos con mucha facilidad. Nos hemos disneylandizado. Somos personajes derrochando amor. Exigimos y nos exigen demostraciones continuas de afecto. Y hoy lo que más echamos de menos es un gran abrazo a nuestros padres, a nuestros hermanos a nuestros amigos.

Algunos hace tiempo que no abrazan a sus hijos y eso duele.

En muchos relatos y películas se da por hecho que nuestros abuelos nos han contado historias al calor del hogar y nuestros padres nos han leído cuentos recostados en nuestra cama. Siempre que lo veo me siento huérfana (en sentido figurado). Mis abuelos eran gente seria y trabajadora. Personajes curtidos por el fallecimiento temprano de hermanos, una niñez corta, una guerra y una vida en el campo que comenzaba antes de amanecer y acababa una vez que los animales estuviesen atendidos y los aperos preparados para el día siguiente. Mi abuelo estaba muy orgulloso de sus machos, que compraba en Morella, y siempre los llevaba lustrosos. Mi abuela, una mujer incansable, que aún con una cadera mal soldada, porque ni con la cadera rota dejo de trabajar, no paraba en todo el día. Limpiar la casa, ir al lavadero a lavar la ropa, acompañar a su marido al campo, una vida dura, muy dura. Recuerdo sus manos enrojecidas y su piel gastada por el agotador trabajo. Me resultaba un poco extraño que mis padres y el resto del pueblo los tratase de usted, eran lo tío.. o la tía.., apelativos cercanos, pero con el tratamiento de usted se alejaban. Mis padres crecieron en ese mundo en el que dejabas enseguida la niñez. Ayudaban en todas las labores que podían acordes a su edad o no, dependía de las necesidades de cada familia. El agua corriente llegó al pueblo en 1978, hasta yo acompañé a mi abuela al lavadero y veía hipnotizada cómo las mujeres subían la cuesta con el balde en la cabeza.

Las demostraciones de amor eran escasas, pero tampoco las echabas de menos. Nuestra vida, la de los pequeños, transcurría en la calle con los vecinos y los amigos y acudías a casa cuando oías tu nombre a gritos. También es verdad que yo me he criado con dos hermanos casi de mi edad y he jugado y peleado mucho. A veces pienso cómo no se volvió loca mi madre.

Pero el amor no sólo se demuestra con gestos, palabras, abrazos o besos. El amor se puede demostrar de muchas maneras y una de ellas es la comida. Existe un lenguaje hermoso con la comida, es el que más se ha utilizado en mi familia. Un caldo cuando estás con dolor de garganta, tu plato preferido cuando has pasado un mal día, los canelones para los domingos y las croquetas, esas benditas croquetas que se guardan en el congelador e igual sirven para decir “lo siento” que “te quiero”. Todos preparamos una comida especial para familiares, amigos o la pareja en algunas épocas del año y cocinamos con amor.

El no poder abrazar y besar a los míos, que yo sí soy muy pegajosa, me ha hecho darme cuenta de lo mucho que me han querido. Tengo el congelador lleno de croquetas, albóndigas y canelones.

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