Hermanas de las Anas

Eran finales de los ochenta, no recuerdo el año, cuando una mujer vino a buscarme y me propuso trabajar como profesor de BUP. Le contesté que encantado. Me dijo que era para las Anas. Me vi inmediatamente en la obligación de decirle que yo no era católico, ni creyente. Me contestó que lo sabía, pero que me buscaba por las buenas referencias que tenía sobre mi como profesor y consideraba que era el idóneo para desempeñar el trabajo.

Durante varios años estuve trabajando como profesor en las Anas. Hasta que tuvieron que cerrar el BUP después de varios años de penurias económicas.

Debo decir que también he trabajado como profesor en la enseñanza pública y he pertenecido a la dirección de la asociación de padres del Emilio Díaz y a su consejo escolar.

Afirmo con rotundidad que nunca, en la enseñanza, me he sentido más libre que en las Anas. Han pasado más de veinticinco años desde que cerraron BUP y dejé de trabajar allí.

Todavía sigo conservando contactos con antiguos alumnos, que ahora son informáticos, profesores, médicos, peones, albañiles,... y aunque no lo he hablado, creo que también se sintieron libres. Algunos son simpatizantes de Podemos y otros del PP.

La hermana Pepa, que era la directora me decía: “Hermano José Alberto, mañana celebramos la festividad de … y a las nueve tenemos la eucaristía -la primera vez que me lo dijo le miré extrañado y estuve a tiempo de decirle, pero sabe que yo no voy a misa, pero antes de abrir la boca la hermana continuó- así que a usted le esperamos para el vino español que será a las diez”.

En una ocasión una hermana me regaló una caja de pañuelos bordados con mi nombre. Lo agradecí mucho, sobre todo por el detalle de estar bordados. Tiempo después supe que cada hermana tenía una paga mensual para sus “caprichos” de poco más de un euro. Había estado ahorrando durante varios meses para comprar los pañuelos y regalárselos a un no creyente. Me emociono cada vez que lo recuerdo. Los pañuelos los sigo conservando tal como me los entregó.

Podría contar decenas de detalles, algunos que asombrarían, pero como implica a terceras personas con las que no he hablado, no me parece correcto escribirlos. Todos los detalles hablando del trato de las hermanas en una relación de absoluta libertad.

Cuando leo en la prensa que el gobierno está poniendo trabas a centros de educación como las Anas, me sublevo. Me sublevo por el buen recuerdo que tengo, lo agradecido que les estoy y me sublevo porque es un ataque a la libertad. Porque la libertad no consiste en hacer lo que uno quiera, consiste en permitir que aquellos que no piensan como tú puedan hacer lo que quieran, siempre dentro del respeto a la ética.

Siempre me llamaban hermano, el hermano José Alberto. Así que HERMANAS, hermanas de las Anas, aquí estoy para defender lo mucho que aprendí a respetar en vuestra compañía.


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