Opiniones

Homenaje a las madres II

Alguna vez habrán oído que España es una piel de toro. Si ellos lo dicen. Pero lo que es más fácilmente identificable, es que Aragón es la cabeza de un jotero con cachirulo, de perfil mirando hacia la izquierda, dando un do de pecho. La oreja es Matarraña. La nariz, Tarazona, y la sien, Zaragoza. Tiene razón Pablo Iglesias, cuando dice que merecen gobernar cuatro años el país, y que si lo hacen mal, no les vuelvan a votar. Se lo pueden aplicar todos. Y le aplaudo hacer madre a Irene, una y otra vez, sin dudas, y que como Astrid Gil Casares, dirá que aunque su ex marido la ha vetado para ejercer la actividad financiera, nunca le agradecerá lo suficiente, ser el padre de sus hijas, a las que invitará, una y otra vez, día a día, a estar con su padre y empaparse de las lecciones que a él le han llevado a ser una de las personas más ricas e influyentes del mundo, gracias al conocimiento emprendedor de su padre, fundador de Ferrovial, y a que no estorbó su madre, al contrario, reforzó la cohesión y cooperación familiar, y a la postre social, pues cuidar los vínculos y apego tiene un claro efecto contagio, sanador. ¡Qué plenitud alcanzaba la palabra madre, en esa mujer buena y valiente, de inmaculada frente, orlada de laurel, por su inteligencia despierta, disposición a aprender con detalle la composición y funcionamiento de cuanto pasaba por sus manos, para alcanzar una mejora tras otra!

Desde luego que trabajaba con ahínco para pagar estudios superiores que habilitaran para ser útiles en quehaceres que requirieran esa capacitación que precisaba largos años de preparación y discernimiento quirúrgico. Y de ese modo, inculcaba a las hijas, amor por trabajar en casa y así aliviar a sus mayores, sintiéndose orgullosas de saber hacer, ayudando, y así lograr las aptitudes para liderar una familia, además de ser capaces de ocupar empleos más cualificados y menos tóxicos, penosos, peligrosos y arriesgados.

Más de medio siglo ha pasado desde que el mata puerca estaba libre de triquinosis, además de concitar a vecinas y chiquillos, para las labores de despiece y embutido, en comidas, meriendas y cenas que concitaban a decenas de personas, ancianos, adultas y zagales, y a los juegos y divertimentos, con la tranquilidad de la pronta garantía que daba el veterinario. Pues ya ven, ha vuelto la triquinosis. Y la alegría de muchas personas reunidas, afanadas en sus quehaceres de picar cebolla en la artesa, la carne, a golpe de manivela, salar jamones y tablas de tocino, añadir el pimentón, el salchichonal y las hierbas aromáticas, se presenta como un logro del progreso y la evolución. Mi madre, cómo la de Luis Alegre, lo era por dar ejemplos de lo que hay que hacer, cuidar y proteger, fomentar la unidad y animar a saber, una y otra vez, honrar a los padres y darles las gracias por la vida, y mucho más. Y ya se preocupaba ella y todas las demás, porque ninguno de sus hijos, fuera un ladrón, y antes renunciaran al puesto en el juzgado, que ser cómplices de sinvergüenzas, y peleles comprados por treinta monedas. “Que nadie me venga a avergonzar por tu conducta, y sí a halagarme por tu valía” me dice siempre.

Otros artículos de opinión

Image