La tan traída reforma laboral

Es sabido que mientras más te mueves, al caer en arenas movedizas, más te hundes. Y así las reformas laborales, compuestas de los conceptos invariables, y realizadas por quienes roban a sus padres sin caérseles la cara de vergüenza, reproduciendo inercias, venidas desde los pretorianos y más atrás, no hacen más que contagiar e instalar la corrupción, con facilidad. Todas se cimentan en las miserias humanas, básicamente en robar y matar, llegada la situación, que llega, como es natural, dadas las premisas de la producción y reparto de tareas y productos y servicios. No hacen falta médicos rurales, que atienden de mala gana, hace falta conocimiento y habilidades para administrar cuidados sanitarios, y si no lo hacen especialistas, ya se está tardando en incluirlos en la educación general básica; no digamos obligatoria, que causa rechazo. A cualquier edad se pude aportar con la actividad que cada cual puede desplegar, sin presión, como entretenimiento o terapia contra la demencia senil por pasividad u holgazanería. No es menester colocar mujeres, con calzador, lo que ha quedado suficientemente demostrado, incrementa el número de estorbos, déspotas, manadas, y toda suerte de abusos, degeneración y deshumanización, entre otras catastróficas desdichas; conocidas y estructurados los trabajos, se reparten entre todas las personas, sin atender a género, y menos el ladrón. Y cómo le sucedió a Mark Twain, autor de Las aventuras de Tom Sawyer, es mejor para todos y cada uno, ser un típico americano, un "self made man" cuya vida transcurre por mil oficios dispares. Lo que trae la ruina es la haraganería y el robar, como muy bien describió Truman Capote, en A sangre fría.


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