Las otras

En "Los otros" de Alejandro Amenábar, los fantasmas eran quienes pensaban que los espíritus eran otros. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, disienten de la ley que autorice a grabar en las manifestaciones, a los otros, no a ellas. Qué raro. Consideran que la presunción de veracidad no debe desaparecer, de modo que haya que demostrar con pruebas irrefutables lo que se escribe o describe. Y que quien las admita, tampoco tenga presunción de veracidad, de modo que al sentenciar, quede garantizada la repugnancia visceral a robar, y abusar de su autoridad, que es evidente que, prescindir de ella, se ha convertido en práctica habitual. Y entienden que no debe suprimirse la previa solicitud a la autoridad gubernativa, antes Gobiernos Civiles, actualmente Delegaciones y subdelegaciones provinciales del Gobierno, de autorización para llevar a cabo manifestaciones, porque eso impediría preparar el operativo para salvaguardar la seguridad, o sea que no se roba ni rompe, más allá de la disuasión a quienes verdaderamente se infiltran en las manifestaciones de protesta fundamentada en pancartas, comunicados, manifiestos, discursos y divulgación en vías de difusión, para perpetrar daños a la propiedad, privada o pública, todas, y manipulando las divisiones internas de las sociedades, básicamente causadas por quienes no repugnan robar y que otras roben. Se puede salir de la adicción a que no falten crímenes, y si no inventarlos y contagiarlos por dónde circulan las influencias corrompidas, contaminando a los más vulnerables, por discapacitados para robar, e inmunes a las tentaciones para participar en atentados. La seguridad es mejor entenderla como obra o servicio de duración determinada, y no indefinida, que sacar oposiciones, no sólo no aporta servicios útiles, sino que degeneran en estorbos y corporativismos, que estos sí, merecerían la intervención de los cuerpos y fuerzas de seguridad, garantes de que no se roba ni maltrata.


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