Opiniones

Los malos de las películas

Hollywood, salvo contadas excepciones, nos acostumbró a ver a los indios como los malos de las películas. Unos salvajes con los que no cabía miramiento alguno. Recuerdo cómo me impactó la crudeza de las escenas de la matanza de cheyennes perpetrada por los soldados americanos en el film Soldado azul de 1970. En su estreno en España, se cortaron dichas escenas que pudieron verse cuando, desaparecida la censura, se reestrenó la película unos años después. El director Ralph Nelson, decidió rodarla para denunciar la matanza de My Lai de 1968, en la Guerra de Vietnam, entonces en curso. Los americanos son duchos en este tipo de acciones. Casi exterminan a los indios de su territorio y a los supervivientes los confinaron en reservas. Solamente el 1% de la población de Estados Unidos es india por lo que no deja de ser chocante que el presidente Biden haya decidido conmemorar oficialmente el día de los pueblos indígenas, señalando las “atrocidades" causadas por la conquista. Los malos de las películas ya no son los indios; ahora somos los españoles. Pero no ha pedido perdón por las masacres cometidas por sus antepasados.

En 1913, Faustino Rodríguez-San Pedro, presidente la Unión Iberoamericana, propuso una celebración que impulsara la unión entre España y Ios países de lberoamérica eligiendo el 12 de octubre que se denominaría Día de la Raza, nombre que emplearon sin problema, por poner dos ejemplos representativos, Manuel Azaña, presidente de la II República Española y Juan Domingo Perón, presidente de Argentina y fundador del partido gobernante en este país y que no vacilaba en acusar de “imperialistas" a los detractores de la Conquista española de América. El Descubrimiento se ha considerado, hasta hace poco, como el “encuentro de dos mundos" del que nació un mestizaje fruto de la confluencia entre dos razas y dos culturas, la blanca española y la indígena. En 1981, dicha fecha se convirtió en España en Fiesta Nacional y Día de la Hispanidad.

En los últimos tiempos, coincidiendo con el auge de los populismos, la sociedad se ha radicalizado fomentándose el odio, la división y el enfrentamiento, a menudo violento, entre diversos colectivos. Mientras nos entretienen discutiendo de un pasado lejano que tergiversan y que no puede cambiarse por mucho que persistan en el empeño, nos distraen del presente y del futuro para llevar a cabo sus propósitos. Ya lo dice la máxima latina:

“Divide y vencerás”.

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