He estado en Chiprana un par de veces en poco tiempo. Es una población que visito al menos una vez al año para participar en la carrera de Los Lobos que hacen en fechas navideñas.
Tenía tiempo y he estado paseando por sus calles. He disfrutado paseando, además de los encantos que cualquier chipranesco dirá de las maravillas que esconde, sobre todo he disfrutado de su orden, de su limpieza y su decoro.
Paseé por prácticamente todas las calles y sólo en un rincón vi una bolsa de plástico, unas hojas de árboles y unos papeles. Hacía viento y parece ser que toda la suciedad del pueblo había ido a parar allí.
Hasta las casas abandonadas, están abandonadas con dignidad. Las calles están asfaltadas y adoquinadas, manteniendo una estética común por todas partes. Ni una hierba ni una planta que no hayan sido previamente plantadas y cuidadas. En un solar abandonado, se habían encalado las paredes de alrededor y se había puesto una canasta de baloncesto, haciendo de lo que podía ser un nido de ratas, hierbas y suciedad, un rincón de juegos.
Y es que para mi desgracia vengo de Alcañiz, una ciudad abandonada, sucia, llena de hierbajos, con un casco antiguo por el que se siente vergüenza del penoso mantenimiento, donde un solar abandonado lo es en el sentido más estricto del término para que allí crezcan hierbas, amenacen paredes, medre la suciedad y acercarse sea una aventura llena de riesgo.
Chiprana contaba con unos 1.700 habitantes y ahora supera ligeramente los 500. Eso quiere decir que tiene un casco urbano más de tres veces superior a los habitantes que acoge.
¿Hasta dónde sería capaz de llegar Alcañiz con este mantenimiento si tuviera un casco urbano de 45.000 personas con la dejadez actual? Sería un escenario perfecto para películas de terror. Ahora sólo llega a películas de miedo, pero todo se está andando.
