No es una guerra pero se le parece. Parte 2

En el albergue donde estoy hay un cartel que dice que una habitación, la que yo estoy, es el bunker del albergue y que si se escucha una sirena se debe correr dentro y permanecer allí hasta que deje de sonar. Uno se acostumbra a ver el cartel a todas horas, pero es el único sitio donde he visto una cosa así.

Iba por la noche por una zona poco transitada por los peatones, aunque sí por vehículos y a las ocho en punto de la noche, aquí es de noche a esas horas, suena una sirena. Es difícil de describir, es una sirena, o varias, que se escucha en todos los rincones de una población tan grande como Zaragoza. No sabía que hacer.

Delante de mí a unos treinta metros había una chica y me he dicho, lo que haga ella haré yo, si sale corriendo, detrás de ella a donde me lleve. Para mi sorpresa se ha quedado clavada en el sitio como una estatua. Al instante se han parado todos los vehículos y sus ocupantes han salido de ellos y se han puesto quietos en la calzada. He hecho lo mismo sin saber si esa iba a ser la forma que me tenía destinada la Providencia para morir por Israel.

Durante un largo minuto ha sonado la sirena. Luego todo el mundo se ha metido en sus coches y la chica ha continuado caminando. La he alcanzado para preguntarle. Me ha explicado que era en conmemoración del holocausto. El análisis de la situación, aunque posterior, me ha estremecido.


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