Desde que yo recuerdo Teruel ha sido una provincia olvidada. Carreteras imposibles, trenes que desaparecían, industrias que nunca se ubicaban en
nuestra tierra.
Zaragoza crece a buen ritmo a costa del vaciado de los pueblos. Los jóvenes se van a estudiar y ya no vuelven, no por falta de ganas, sino de
oportunidades.
Siguen sin venir fábricas, y no somos capaces de crear nuestras propias industrias, lo del I+I+D no parece funcionar, y la materia prima que aquí
tenemos se va a otros sitios a ser manufacturada.
Los recursos tradicionales, como son la minería del carbón, se acaban. La mala calidad de éste (según cuentan) y la alta contaminación que genera han hecho que se vayan a cerrar las minas y la térmica en poco tiempo y una buena parte de habitantes de esta tierra nuestra se queda sin futuro.
En agricultura (modo tradicional de vivir en el medio rural) no vamos mucho mejor. Los labradores (me encanta esta palabra) ponen de su parte
modernizando sus maquinarias, su manera de cultivar, incluso variando cultivos, pero sin una ayuda (que no siempre es monetaria, sino de infraestructuras) es difícil.
En sanidad no andamos muy bien que digamos, faltan médicos y recursos, el ansiado hospital va a paso muy lento, y los pueblos más pequeños y con población más envejecida tienen carencia hasta de atención primaria y farmacéutica…
Y aún habrá quien piense que nos quejamos de vicio, y dirá aquello de “que bien se vive en los pueblos”, sin pensar que en verano, con las casas llenas de los que emigraron, y las fiestas del pueblo, se está muy bien, pero en cuanto llega septiembre, las calles se vacían y no queda nada de alegría.
Ni con 20 manifestaciones en Madrid lograremos que las cosas cambien de raíz, pero no por ellos dejaremos de intentarlo.
