Con gran pesar este año no me toca manifestarme. Casi religiosamente, el 8 de marzo he salido a la calle con compañeras de trabajo, amigas, mi hija y otras mujeres que, como yo, creemos que aún falta mucho para la igualdad, y nos manifestamos, con gritos, cánticos e incluso bailes, para decir que ya está bien.
Pero este año no toca. Y aunque los motivos siguen estando ahí, este año toca hacer otras cosas. No saldremos a la calle, pero espero que sea visible de todas las maneras posibles que el 8 de marzo es un día de reivindicaciones. Me da igual que sea gritando desde las ventanas o balcones, poniendo banderas, balconeras, vistiéndonos de morado, o con un lazo en el pelo. Pero que se note.
Esta es mi humilde aportación en un medio de comunicación. Explicar bien alto que este año no saldremos. Pero no porque no haya mujeres asesinadas por el machismo, ni maltratadas por lo mismo, ni diferencias salariales, ni techos de cristal, ni porque no se siga juzgando a las mujeres por su aspecto físico y no por su valía, ni porque algunos hombres nos sigan explicando las cosas, aunque nosotras sepamos más del tema que ellos mismos… Y seguiría hasta…
Este año no toca salir por el jodío virus, que no nos vuelvan a decir (como desde Adán y Eva) que somos las culpables de todo, incluida la expansión de la pandemia.
Como somos personas responsables, este año toca de otra manera. Tampoco podremos ir a las procesiones del Bajo Aragón… Ya el año pasado no pudimos, y servidora, se vistió de luto riguroso, se puso mantilla y peineta, y encendió un cirio, salió a la terraza de su casa a la hora de los aplausos y escuchó tocar el tambor desde el edificio de enfrente a la hora de la procesión de la soledad. Un homenaje a mi madre.
Pienso forrar el barandado de mi terraza de morado, o poner banderitas o no sé muy bien que haré, pero quiero que se note que en esa casa viven dos mujeres feministas.
Espero ver mucho morado en las calles.
