Opiniones

Gatos y patriotas

Mi madre tuvo una gata que vivió casi 10 años en casa. "¡Qué feliz que era aquella gata!", me está recordando ahora mismo mi madre. Monina (ese era su nombre), comía lo que le apetecía, iba por cualquier parte de la casa con toda la libertad del mundo, se subía a los armarios, se escondía debajo de las camas, se metía en las ollas de la cocina, dormía en la cama con mis padres... Pero nunca jamás salió de casa. Monina tenía vetado cualquier acceso al mundo exterior; nunca se le abrió la antigua gatera que daba acceso a la terraza, lugar por el que podría haber tenido la posibilidad de ir y venir. Monina murió virgen, pero siempre colmada del amor que mi madre la profesaba. Cada vez que desparecía de su vista, mi madre le decía alarmada a mi padre "¡Vicente, mira a ver dónde está la gata, que hace rato que no la veo!". Y cuando aparecía la abrazaba y la regañaba por haber estado tanto tiempo ausente. Pero la verdad, yo no la veía feliz, era una gata muy fura, no había forma de hacerle ni una caricia, y hasta a mi madre la arañaba en algunas ocasiones.

Mi madre intentó hacer lo mismo conmigo. No hay nadie que me haya querido jamás tanto como lo ha hecho mi madre, y en virtud de ese amor, esperaba que yo me quedara siempre a su lado. Sucede que en su momento, asfixsiado por tanto amor, me apresuré en encontrar la gatera de salida, y huí. Ahora yo tengo varios gatos, he tenido gatos durante los últimos años. Y decidí aplicar con ellos las enseñanzas recibidas, pero al revés: mis gatos no han necesitado nunca gatera, porque siempre se han encontrado las puertas abiertas. Vivo en el campo, así que es verdad que también resultaba difícil impedirles marchar; pero no era mi intención. El resultado ha sido el que sospechaba: ahí los tengo todo el día alrededor,
jugueteando todo el tiempo y pidiendo mimos. "Pesaos" como ellos solos... En mi vida personal decidí aplicar la misma filosofía, no coartar en ningún momento la libertad de las personas amadas. El resultado el mismo que con los gatos: a mayor libertad, más deseo de no huir y permanecer cerquita.

Los españoles patriotas, que dicen profesar un gran amor hacia Cataluña, se han esforzado en los últimos años en dejar claro a los catalanes patriotas que en virtud del tremendo amor que les profesan, se van a quedar siempre en casa, que pierdan la esperanza de encontrar ninguna gatera. Y que no se les ocurra abrir ninguna, porque lo pagarán muy caro. Y los catalanes patriotas, están furos, cada vez más, arañando a todo aquel que se pone por delante... Para gobernar, es necesario crear leyes, respetarlas y hacerlas cumplir cuando no se respetan. Pero también es necesaria inteligencia emocional. Lamentablemente, durante los últimos años han carecido de ella nuestros gobernantes a la hora de tratar con Cataluña. Y ahora lo estamos pagando todos. Y lo que nos queda

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