1000 millones (o 2000, qué más dá)

Ya estaba yo preocupado porque mi país estaba perdiendo una de sus señas de identidad: “Spain is different”. La última equiparación a nivel europeo, tener a la ultraderecha sentada en el hemiciclo, nos homologaba como europeos de primera, y hacía ya muy difícil encontrar diferencias con todos nuestros
vecinos.

Pero no, estaba equivocado. Nuestros políticos quieren que nos sigamos sintiendo especiales, diferentes al resto. Así, mientras en Bruselas están empeñados en crear leyes que protejan a los ciudadanos de la contaminación producida por el tráfico, los sesudos gobernantes de nuestra capital, han intentado paralizar el intento de Manuela Carmena de hacer el aire madrileño un poco más respirable, y en Bruselas se han hecho eco del intento, y nos han vuelto a llevar ante magistratura.

Parecía que con la implantación de “Madrid central” se iban a olvidar de que desde el 2010 se nos había ido la mano con el tema de la contaminación. Pero el flamante y “brillante” nuevo alcalde madrileño, ha hecho una jugada maestra que nos puede costar 2.000 millones de euros. La cosa se iba a quedar en 1.000 millones, o incluso en nada ya que gracias a las buenas intenciones de Carmena parecía que nos iban a perdonar. Pero a Martínez-
Almeida se la debe traer al pairo que nos apliquen tan sangrante multa, qué más le da 1.000 que 2.000 millones, y lo que es peor, también le debe traer sin cuidado la salud de los ciudadanos, que es lo verdaderamente importante.

En Europa te encuentras con países donde la derecha toma medidas medio-ambientales tan drásticas y progresistas, que los de Greenpeace parecen salidos del parbulario. Pero en España lo único que importa es ir en contra del adversario político, negar sistemáticamente que haya podido hacer algo bien, y en el momento que tengas el poder, a deshacer lo hecho por el otro. Así nos va por ejemplo en educación, que en 40 años de democracia han sido incapaces de parir una ley consensuada, y se limitan a cambiarla cada vez que hay un giro político. Sí, todavía nos distinguimos en Europa, seguimos siendo diferentes. Qué triste.


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