Opiniones

Adiós a las torres de refrigeración

Los trabajos para construir las torres de refrigeración de la Central Térmica de Andorra que el viernes van a desaparecer se iniciaron el día 21 de junio de 1976 por la tarde.

Pocas personas, o quizás ninguna, sepan el momento exacto. Los primeros trabajos corrieron a cargo de la empresa AUXESPA. Debieron haber comenzado esa mañana pero el camión que traía las herramientas y pertrechos procedentes de Puentes de García Rodríguez para comenzar los primeros trabajos llegó a primera hora de la tarde y fue entonces cuando, descargándolo, se inició el trabajo que debería durar años.

Yo era un joven que me oponía a la construcción de la térmica. Había participado en movimientos ciudadanos en su contra. También era un estudiante que había llegado a sus vacaciones de verano y además necesitaba trabajar. Así que estando en contra de su construcción me convertí en el primer trabajador de las torres de refrigeración. Para lavar mi conciencia pensé que estando dentro, si se producía algún boicot podría colaborar. Tonterías de mi juventud.

El primer día de trabajo para la empresa que iba a construir las torres de refrigeración hacía una temperatura muy alta. Me presenté al trabajo por la mañana pero me dijeron que no comenzaría hasta por la tarde. Por la tarde me estaba esperando un camión lleno de cosas de lo más diversas, desde picos y palas hasta casetas desmontadas con las que se construirían los primeros vestuarios y oficinas. Además del material también me estaban esperando todo el cuadro de la empresa. Allí estaban, entre otros, el encargado, el encargado general, el administrativo, el ingeniero, el encargado de personal y alguna persona más de la que no recuerdo su cargo. Yo era el peón, por lo tanto todos se encargaron de darme la orden de subir al camión y descargarlo. Ponía la mercancía en el borde, bajaba, la apilaba donde me decían y volvía a subir al camión para acercar la mercancía desde donde pudiera alcanzarla.

El sol ajusticiaba inclemente la tarde. Yo era el último peón, el único peón, pero el único previsor y me había llevado al trabajo la bota de vino. Así que con la mala educación de no ofrecer un trago a mis muchos sedientos jefes, entre subir y bajar de la caja del camión iba echando un trago que me satisfacía más por la envidia que causaba que por la sed que mitigaba.

Entre los cuadros de la empresa estaba Montesinos, un mejor encargado que yo trabajador, del que siempre he guardado un buen recuerdo.

Ahora va a desaparecer esa construcción que esa tarde comencé, días más tarde acompañado de otros trabajadores, alguno de los cuales se quedó en Alcañiz para siempre.

Entonces era estudiante de Historia y quizás por deformación pensaba en las gotas de sudor que me caían con mi adn en el suelo y que algún día podrían indicar que yo había pasado por allí. El viernes quedarán sepultadas, como parte de mis recuerdos, cuando se vuele.

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