Amancio Ortega

Afirmar que este empresario es capaz de crear y mantener legalmente miles de trabajos en todo el mundo, puede que no agrade escucharlo precisamente a sus
trabajadores. Recuerdo el reportaje “Fashion Victims” emitido hace un tiempo, en el que varias costureras gallegas se quejaban amargamente de sus precarias
condiciones laborales. Al parecer, las presiones de Inditex y otras industrias textiles similares hacia los empresas que las empleaban, llevaban a estas costureras ante la disyuntiva de trabajar casi como esclavas o perder el trabajo. Pero no estoy en la posición de poder juzgar si eso es cierto o no; para eso están los inspectores de trabajo. Simplemente me quedo con la duda.

También se puede leer en determinados artículos que circulan en Internet (entre ellos, del diario16, otrora prestigioso diario), que a base de “ingeniería financiera” Inditex se ahorró pagar 600 millones de euros en impuestos en nuestro país en los últimos 4 años, lo cual sería el doble de lo que ha donado Amancio a la sanidad española estos días pasados. Pero no estoy en la posición de poder juzgar si eso es cierto o no; para eso están los inspectores de hacienda. Simplemente me quedo con la duda.

Pero dejando a un lado mis dudas, yo sí que aplaudo la donación de Amancio Ortega de esos 300 millones de euros. Pablo Iglesias quizá tenga razón en sus
acusaciones de fraude fiscal caso de que esos inspectores de hacienda lo demostraran, pero en lo que creo que Pablo ha metido la pata hasta el fondo (y posiblemente le habrá quitado miles de votos el 28-M) es en criticar la donación en sí.

Estamos ante un ejemplo de lo que podríamos llamar “capitalismo-socialista”. Es un gesto interesante. El tipo se las apaña para ahorrarse 600 millones de euros en impuestos (caso de que sea cierto que tenía que pagarlos), pero algo en su conciencia le hace sentirse un poquito mal, y decide reintegrar la mitad en forma de donación. Hay que miralo con buenos ojos, querido Pablo. La mayoría de multimillonarios no tienen un Pepito Grillo azuzándoles para que tengan gestos caritativos y prefieren aumentar su colección de yates en lugar de comprar equipos médicos.

Pretender que un empresario haga su fortuna siendo un ciudadano modelo que mima a sus trabajadores y que paga hasta el último céntimo de sus impuestos,
posiblemente sea una entelequia. Tienen el poder para hacer todas las trampas que deseen si así lo desean. Así que cuanto más cunda el ejemplo de millonarios que optan por retornar una parte de su fortuna a la sociedad que con su esfuerzo y sacrificio les ha permitido ganarla, mejor que mejor. Quizá sea lo único que pueda salvarnos del capitalismo, el que se apellide “socialista”.


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