El brujerío

Cada vez que se quiere descalificar a una mujer (o varias), se emplean las mismas tácticas: la llaman, mala, bruja y puta, y no siempre en ese orden.

El no ser sumisa y entregada a las labores propias de su sexo y condición ha sido desde siempre un problema para las mujeres con respecto a los y las (que haberlas, desgraciadamente, haylas) machistas y misóginos que quieren poner en el lugar que corresponde a estas rebeldes.

Desde el no me gusta que a los toros vayas con la minifalda (un novio o marido controlador), al cállate que tu no entiendes de eso (un enterao, compañero de trabajo, amigo o pareja), o el vete a fregar (típico en un altercado de tráfico), o el esta es ligera de cascos (refiriéndose a una mujer libre y liberada) y para acabar, y desgraciadamente bastante habitual, la maté porque era mía…, intentan descalificar todo intento de emponderamiento. Esto es, ser libres para decidir qué hacer, con quien, cómo y cuándo en todos los ámbitos de nuestra vida.

Así, que cuando ven a un grupo de mujeres emponderadas, libres y triunfadoras en lo suyo, el llamarlas brujas, feas y otras lindezas no es más que el signo que de que ladran, luego cabalgamos…

Dicen que a cada persona, el karma, el destino o dios, llámenlo como quieran, reparte algo. A muchas mujeres nos han repartido palos y muchas hemos hecho con ellos una escoba y nos hemos puesto a volar…

Nota aclaratoria.

EMPONDERAMIENTO: Adquisición de poder e independencia por parte de un grupo social desfavorecido para mejorar su situación.


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